
Mucha energía y tiempo útil en las redes y medios se va por el grifo porque el primer reflejo que tienen millones de personas para digerir una noticia es hacer un cálculo mental para ver cómo ese evento puede perjudicar al sector político que desprecian. Lo importante es sumar pronto una arena al costal de la crítica y encender la llama. El viaje de Francia es un ejemplo de libro.
La oposición consideró un exceso el costo del combustible que usará la vicepresidenta y su comitiva para desplazarse a un continente que no recibe a un presidente o vicepresidente nuestro hace más de dos décadas. Ese fue el disparador de la indignación colectiva. La crítica es miserable por todos sus ángulos. Y si hay un interés genuino en contener el extraordinario crecimiento del gasto público en funcionamiento, que Iván Duque aumentó como nadie en la historia, irse a detallar la gasolina de los aviones es detenerse en monedas de bolsillo. Vayan por lo que sí mueve la aguja y de lo que poco se habla.
Superada esa discusión de quinto orden, lo que importa es analizar el contexto y el propósito de este viaje de ocho días a Sudáfrica, Kenia y Etiopía al que asistirán congresistas, miembros de cámaras de comercio, funcionarios, empresarios y asesores de Francia. El presidente le ha cortado las alas al interior del gobieno a su compañera de fórmula, esa es una de las razones por las que su papel ha sido caótico y confuso. Sin buen presupuesto y roles concretos cuesta construir una metodología.
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