
Hace catorce meses, más específicamente el 9 de marzo de 2022, escribí en esta columna sobre la necesidad de renovar la política en favor de las mujeres, denuncié la instrumentalización del discurso feminista por parte de casi todos los partidos políticos —incluyendo la coalición que hoy gobierna: el Pacto Histórico— e invité a votar para las elecciones legislativas por Estamos Listas Colombia, porque, según yo, era un proyecto feminista con una vocación de cambio real.
Sin embargo, no ha pasado mucho tiempo desde mi disertación del patriarcado y mi ingenua propuesta para que tuviera que escribir estas palabras, que, aunque siguen siendo una valoración, hoy pueden ajustarse más a la realidad sobre un proyecto político supuestamente feminista que se degeneró en el camino y cedió ante las mieles del machismo que prometió acabar. Demostrando así, para pesar de todas, que ni siquiera una organización exclusiva de mujeres comprometidas y educadas en el feminismo está lista para transformar nuestra sociedad.
Siempre he creído que el machismo no puede ser reducido a un tema de hombres contra mujeres, o de nosotras “las víctimas” contra ellos “los victimarios”. Culpar a los hombres ha sido siempre el recurso más fácil y menos efectivo que una buena parte del feminismo de manera bastante perezosa e inútil ha preferido utilizar justamente para despojarnos de cualquier agencia y responsabilidad. Esto, sin embargo, no quiere decir que las consecuencias del patriarcado no recaigan en su mayoría y de manera injusta sobre las mujeres. Pero basta con mirarnos al espejo para entender que los valores masculinos que hoy gobiernan y que luchamos por acabar también nos dirigen entre nosotras.
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