
Cerca de ocho décadas han pasado y los bogotanos seguimos repitiendo en cada gobierno de la ciudad, casi de manera esquizofrénica, que nunca hemos estado tan cerca de tener metro. No ha habido un proyecto más politizado que refleje mejor la incompetencia, el clientelismo, el espectáculo de lo absurdo y las eternas promesas sin cumplir de nuestros gobernantes que el del metro de Bogotá. Hoy no es distinto. Aunque hay una primera línea contratada, y las obras ya comenzaron, los cuestionamientos alrededor del consorcio chino no son menores. Además, dentro de la empresa del Distrito encargada de desarrollar este proyecto, hay preocupantes denuncias sobre acoso y maltrato laboral.
Esta columna recogió el testimonio de siete funcionarios y contratistas de la Empresa Metro de Bogotá, EMB, que aseguran que dentro de la organización hay un ambiente, implantado por el gerente general Leonidas Narváez y reproducido por las diferentes subgerencias de la compañía, de intimidación, persecución, maltrato verbal y psicológico.
El presunto aprovechamiento de las jerarquías dentro de la EMB para intimidar a los subalternos que no obedezcan órdenes dirigidas a alimentar los intereses particulares de los subgerentes ha creado, según las fuentes, “una estructura organizacional poco técnica en donde el miedo, los señalamientos, la persecución y el maltrato con el fin de motivar renuncias son sistemáticos”.
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