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Edna Bonilla
Puntos de vista

Pasaron el año y se graduaron con honores

La tarea de los últimos meses del año en los centros educativos es intensa. Las actividades son diversas: los cierres de ciclos, las evaluaciones, la planeación para el siguiente curso o semestre y, por supuesto, los grados y reconocimientos. John Dewey (1859-1952) señaló acertadamente que “la educación no es la preparación para la vida, sino que ya es vida en sí misma”. En época de cierres, las palabras de Dewey reflejan la esencia de la gran apuesta por la transformación que llevan a cabo muchas comunidades educativas del país. Intentemos hacer aquí la primera parte de una evaluación en la que resaltemos algunas cosas positivas que vivimos en el territorio. La educación en Colombia ha sido, y continúa siendo, una palanca clave para la transformación y la superación de miles de niños, niñas, jóvenes y sus familias.

Son muchas las historias y proyectos que reavivan la esperanza y reafirman que trabajar por una mejor educación es una causa que nos debe unir. Es un buen momento para celebrar algunos logros y resaltar el profundo valor, la resiliencia y la capacidad de superación de las y los estudiantes y sus maestros y los esfuerzos de otros actores en beneficio de la educación. Tres ejemplos.

El primero, la inspiradora historia de Joanna Sora, una docente en el Páramo de Pisba, Boyacá, quien cada lunes hace un recorrido de tres horas (dos en carro y una a pie), en medio de trochas, para llegar hasta una pequeña escuela cuyos únicos alumnos son dos hermanos, Ángel y William. Su dedicación ha capturado la atención nacional, movilizando esfuerzos para mejorar las condiciones de su escuela y garantizar que estos niños tengan acceso a herramientas tecnológicas y recursos educativos esenciales. Su trabajo es un claro ejemplo de cómo la educación puede transformar vidas, incluso en los rincones más apartados del país y, siempre, de la mano de los maestros y maestras. Como la ‘profe’ Joanna son cientos de miles los ‘profes’ que se levantan día a día para hacer parte de la construcción de los proyectos de vida de sus estudiantes, y son miles los directivos docentes que, con su liderazgo, logran lo que es muchas veces pareciera imposible: niños, niñas y jóvenes felices por contar con una palabra, una mirada que los haga sentir invencibles. Aplausos de pie, para ellos y ellas.

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