
Por esta época decembrina cuando únicamente se puede ver la liga inglesa, recuerdo cada domingo a Javier Marías. Dice que el fútbol es la recuperación semanal de la infancia. El problema está en que ahora que hago un balance de lo que fue el deporte en 2024, encuentro esta frase tan cierta como pertinente, exceptuando en Colombia. Si hubo algo de infancia, no fue una buena.
Dicen quienes lo vivieron que 1989 fue el año más tenebroso en la historia del fútbol colombiano. El torneo quedó desierto, sin ganador. Todos fuimos perdedores. Esto, como consecuencia del asesinato del árbitro Álvaro Ortega, ordenado por Pablo Escobar, luego de terminar un partido entre el Medellín y el América. El fútbol entonces se llenó de violencia, narcotráfico, denuncias por apuestas ilegales y amaños de partidos, escándalos arbitrales y dirigentes con prontuario.
Otra triste realidad es que este 2024 fue bastante parecido a aquel nefasto año 89. Es más, a manera de presagio, este año arrancó con una amenaza por parte de algunos hinchas del Deportivo Cali al árbitro Carlos Ortega. Una pancarta con tintes ‘sicariales’ fue colgada a las afuera del estadio: “Ortega, pita bien que tu familia te espera”, decía el mensaje dirigido al juez central que, además, es sobrino del árbitro asesinado en 1989.
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