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Edna Bonilla
Puntos de vista

El momento para la educación

El país vive un momento intenso, complejo y lleno de retos. Las reformas que impulsa el Gobierno nacional y que hacen su paso por el Congreso deberían ser la oportunidad para realizar los cambios necesarios en la construcción de una sociedad más equitativa, justa y pacífica. La educación juega un papel fundamental en ese propósito. El Gobierno pareciera entenderlo, pero sus propuestas desconocen la necesidad de buscar consensos. Y aunque en el Congreso se están discutiendo las principales reformas sociales, preocupa que la educativa sea aprobada sin la suficiente discusión y se desaproveche la oportunidad para abordar las problemáticas de fondo, que obstaculizan la construcción de un modelo educativo que responda a las necesidades actuales y futuras. No basta con saldar deudas históricas. Es necesario, como mínimo, garantizar el derecho a una educación de calidad que privilegie la formación integral en el ser y en el saber y que seduzca a la juventud con las bondades intrínsecas de los aprendizajes a lo largo de la vida. Este propósito no se puede lograr sin la inversión necesaria para dar un salto real en materia educativa.

Cada vez que conocemos resultados de pruebas nacionales o internacionales o comparamos indicadores educativos, nos escandalizamos porque no hemos sido capaces de construir políticas de Estado que sobrevivan a los distintos gobiernos. De acuerdo con las estadísticas de la Ocde, somos uno de los países que menos invierte en educación y ciencia, y uno de los muy pocos que no tiene currículo. Los resultados en ciencias, matemáticas y lectura son bajísimos. La tarea sigue pendiente.

El Gobierno ha presentado un proyecto de Ley Estatutaria que tiene por objeto “establecer las garantías del derecho fundamental a la educación”. Es una apuesta políticamente correcta, aunque aún hoy ni siquiera se tenga una estimación del costo fiscal de la reforma. Con seguridad, nadie se opondrá (me incluyo) a que se garantice el derecho. Ahora, ¿qué educación ofreceremos? ¿Cómo podremos satisfacer las expectativas que se generarán en las comunidades? Presiento que no tendremos un aumento significativo en calidad porque no aumentaremos eficientemente el presupuesto. Tampoco se ha abierto la discusión sobre la necesidad de un currículo unificado, ni se examinan las condiciones de la gestión educativa. Tampoco se proponen mecanismos que permitan que entre los sectores público y privado se mejoren el acceso, la permanencia, la pertinencia y las condiciones socioemocionales. No hay consideraciones sobre la forma de mejorar la formación docente, la pedagogía y el uso de nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje. Tampoco se ofrecen alternativas que permitan avanzar en la educación socioemocional.

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