
En solo dos días, dos personajes colombianos se nos ofrecieron en bandeja de plata como desafortunados ejemplos de la doble moral que reina en el mundo político.
Primero, el exvicepresidente Francisco Santos (a quien en lo personal le tengo cariño porque me parece una buena persona y fue un buen jefe para mí en El Tiempo) dijo que si fuera presidente en 2026, lo primero que haría sería “cancelar la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos” de la ONU en Colombia, pues según él, “no sirvió para un carajo”. En la misma entrevista con Semana, el miércoles 14, habló de “alineación ideológica” de la CIDH “con la izquierda latinoamericana”.
Luego, presuroso como de costumbre, el presidente Gustavo Petro salió a contraatacar en la red social X. El mismo día, al referirse a lo dicho por Santos, escribió que quienes “excluyen a la CIDH y a la ONU de sus países” son los nuevos Videla, Netanyahu y Pinochets de hoy (…), los aprendices de Hitler”.
Y como la realidad es cruda y, al final de cuentas tozuda, tanto Santos como Petro quedaron fuera de lugar al día siguiente, cuando el gobierno de Nicolás Maduro le dio 72 horas al personal de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU “para abandonar” Venezuela.
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