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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

¿Torpeza o complicidad?

Muchos lo sospechaban. Muchos lo intuían. Muchos lo anunciaron. Y efectivamente ocurrió. El presidente Maduro incumplió todos los acuerdos tácitos y escritos a los que se llegó para lograr una transición democrática en Venezuela. ¿Cómo fue posible que el gobierno de Estados Unidos le apostara con tanta firmeza a un proceso que tantos otros sabían de antemano que no se iba a cumplir?

El gobierno del presidente Iván Duque se propuso desde el primer día tumbar a Maduro. A ese propósito se unió el gobierno de Trump. Entre ambos países se puso en marcha una estrategia de máxima presión. Washington incrementó severamente las sanciones en todos los frentes. Al bloqueo económico y al sector petrolero se les sumó la persecución judicial de los familiares y amigos íntimos del régimen.

Esa presión se combinó con la creación de un “gobierno legítimo” alternativo al de Maduro, en cabeza de Juan Guaidó, con el respaldo de la mayoría de la oposición. Se trataba de dejar sin base internacional al régimen chavista y sin acceso a sus activos en el exterior. Al presidente interino Guaidó lo reconoció buena parte del Grupo de Lima, siguiendo el ejemplo de Colombia, Estados Unidos y la Unión Europea. Aunque, sin duda, esa estrategia redujo el margen de maniobra del régimen chavista no fue suficiente. Maduro no abrió rendija alguna para avanzar hacia una transición democrática.

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