
Los datos de temperatura global siguen indicando que el planeta registra los niveles históricamente más altos desde la época preindustrial. Ayer, Arauca estaba a 37 grados al mediodía, y las sabanas se veían más amarillas y resecas que de costumbre. Recuerdo cómo el humedal del Lipa sigue perdiendo su espejo de agua, en medio de plataformas, arroceras, vías, diques, ganado, y esperando siempre volver a ser declarado un Área Nacional de Conservación. ¡Soñar no cuesta nada! Pero ni esos picos de temperatura, ni la degradación de bosques o sabanas son la preocupación de la gente, pues hoy están más que nunca en riesgo sus vidas como consecuencia del conflicto armado entre el ELN y el EMC, en medio del Cese al Fuego declarado en las mesas de negociación. ¡Vaya paradoja!
La región del piedemonte araucano es una zona agrícola con tremendo potencial, especialmente en la producción de plátano y cacao. Una delicada y paciente decisión de organizaciones sociales ha ido construyendo un tejido productivo muy poderoso que llama la atención, pues se ha sobrepuesto a adversidades como no tener vías de acceso al mercado nacional, o más aún, al mercado con Venezuela. Todo lo anterior, en un escenario donde no hay coca, a pesar de la “lógica fronteriza” de aparición de este fenómeno, lo cual significa también una condición social que ha resistido a los intentos de grupos armados residuales por reactivar esta acción.
Arauca tiene un hato ganadero importante que genera leche y carne en volúmenes considerables para la economía regional; así mismo, tiene una producción de petróleo que si bien no está en su pico productivo, sigue estando en las cuentas nacionales, y con actividades en parte importante de su territorio. A pesar de haber sido mal llamada “Arauca saudita”, hoy el departamento no cuenta con seguridad energética para todos sus habitantes, y sigue estando en el primer lugar de “elefantes” botados a su suerte con obras monumentales abandonadas, y evidenciando el terrible rastro de la corrupción histórica que se ha tragado esos recursos que correspondían al pueblo araucano.
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