
Abril no es un mes indiferente. Es un mes de comienzos, de primeras veces y también de cierres y renovaciones. De eso han dado cuenta músicos y poetas que han evocado a este mes con sus misterios y fosforescencias. Es el mes de la primavera en el hemisferio norte en el que comienzan a aparecer las primeras flores y la luz toma unos matices que despiden por fin el largo y oscuro invierno. En el sur del mundo termina el verano y un sonido en el viento y cierta nostalgia en el ambiente por el final de una temporada de paseos y reencuentros familiares y de afectos anuncia la llegada del otoño con sus primeros abrigos y hojas naranjas. Eso es abril. Un mes propicio tanto para la melancolía como para la reflexión. Qué bella palabra esa de melancolía, tan llena de ritmo y emoción, al punto de que Pablo Neruda haya comparado la belleza del amor con esa palabra: “Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, / y te pareces a la palabra melancolía”, y que Eduardo Carranza escribiera también en su momento “Te llamarás silencio en adelante / Y el sitio que ocupabas en el aire / se llamará melancolía”. Es, entre tantas otras emociones, lo que despierta abril que, al parecer, para unos, viene del verbo latino 'aperire' (abrir), porque es el tiempo en que la tierra se abre y brotan de ella las más bellas ofrendas de la naturaleza y para otros viene de la palabra griega 'aphrós' (espuma) que nos llevaría a Afrodita como otra metáfora de la primavera y el nacimiento.
Recuerdo que la primera canción del disco Días y flores del cantautor cubano Silvio Rodríguez era Como esperando abril, una canción festiva que transmitía optimismo. Eran los días de la zafra y la frescura revolucionaria de esos días inspiraba a muchos artistas mientras entonaban alrededor del movimiento de la Nueva trova cubana “Mucho más allá de mi ventana / Mi esperanza jugaba / A una flor, a un jardín / Como esperando abril”. De igual forma el gran Joan Manuel Serrat que nos contagió a través de su voz y unos precisos acordes la inmensa poesía de Antonio Machado y Miguel Hernández nos recordó que “Especialmente en abril / Se echa a la calle la vida / Cicatrizan las heridas / Y al corazón como al sol”. Así este mes es puntual para que las heridas muden de piel y la esperanza juegue a ser una flor o un jardín.
Abril es una transición perfecta y exalta los regresos, aquellos retornos que han marcado la vida de todos y que la literatura ha definido de múltiples formas a través del viaje de los héroes y de las heroínas a través del tiempo. El regreso cargado de fortunas o experiencias o de derrotas y fracasos, pero con una mayor fuerza moral para afrontar las aventuras y tempestades. Por eso abril va mucho más allá de una posición en el calendario, es un símbolo exacto de cambio y una promesa para la vida. En el mundo cristiano, con algunas excepciones, la Semana Santa cae entre finales de marzo y comienzos de abril siendo la resurrección el epicentro de la esperanza en la eternidad.
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