
Arrancamos el 2025 con abundantes lluvias que han caído de manera inusual en los primeros días del año en gran parte del país, evidenciando la impredecibilidad climática que padece el planeta. Viendo las imágenes satelitales, el movimiento de masas de agua atmosférica tiene una importante concentración en zonas de conservación
–desde el Paramillo al Catatumbo, y del Apaporis a Chingaza–, que juegan un papel crucial en la seguridad climática nacional, así como en su desarrollo económico.
De otro lado, la temporada de fin de año también ha podido mostrar el increíble interés por visitar los Parques Nacionales en diferentes zonas del territorio. La apropiación social es enorme sobre este patrimonio público, y crece cada día la conformación de grupos de caminantes, senderistas, observadores de aves, científicos y turistas extranjeros que llegan a estas áreas en búsqueda de sus paisajes y biodiversidad. Sin embargo, existe un rezago histórico en el desarrollo de una infraestructura de senderismo –incluyendo las rutas fluviales o lacustres– apropiada en las Áreas Protegidas, y esto reduce tremendamente las posibilidades de atención de público pues la capacidad de carga se minimiza. Para dar un ejemplo, Brasil invirtió millones de dólares en desarrollar cientos de kilómetros de senderos en 2014, a propósito del Mundial de futbol que llevó miles de turistas a visitar sus parques nacionales, y generar enormes beneficios económicos en las regiones donde se movió este turismo ecológico a la par de la competencia deportiva.
La generación de ingresos y una economía regional sostenible basada en la conservación, es una alternativa que se ve en diferentes áreas del mundo con condiciones similares respecto de su potencialidad en biodiversidad, pero infinitamente superiores en la inversión pública y privada que se ha desarrollado en estas zonas. La creación y capacitación de guías turísticos, así como de manuales de interpretación, diseño, construcción y adaptación de senderos, señalización, generación de infraestructura hotelera en poblaciones cercanas, alimentación y rutas de transporte con criterios de infraestructura verde, entre muchas actividades, producen un cambio económico significativo para las poblaciones locales. Colombia tiene en sus áreas nacionales, regionales y municipales un verdadero potencial de desarrollo sostenible en sus zonas de conservación (incluyendo la posibilidad de crear una red de jardines botánicos municipales). Además de su potencial económico, tienen apropiación social, pueden generar identidad cultural y son interesantes para inversiones y asociaciones públicas, privadas y comunitarias, además del enorme valor que poseen como estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático, empezando por la capacidad de retención de humedad y regulación de caudales muchas veces asociados a acueductos de grandes ciudades y pequeños municipios.
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