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Marta Orrantia
Puntos de vista

Hasta que la muerte las separe

Me interesaba ver la última película de Almodóvar, La habitación de al lado, porque quería escribir sobre la eutanasia. Había visto ya cintas del tema como Las invasiones bárbaras o Mar adentro, y tenía curiosidad de saber cómo lo iba a abordar el director español. En algún momento de la cinta, John Tuturro (uno de los protagonistas) dice que quienes quieren morir dignamente se sienten como criminales porque la derecha recalcitrante y el fanatismo religioso se oponen a ello. Tiene razón. Las legislaciones varían según los países, pero es cierto que en esa decisión tan íntima siempre el Estado, la Iglesia y la sociedad tienen algo que decir.

En efecto, la película se trata de eso, y no es un spoiler decirlo porque es patente desde el comienzo. Una mujer tiene un cáncer terminal y quiere irse en sus términos, así que ha comprado en la dark web una pastilla, pero quiere que alguien esté en la habitación de al lado para cuando ella decida poner fin a su vida, así que le pide a una amiga que la ayude. Si se hubiera quedado ahí habría sido previsible, aburrida, tanto para la amiga que la acompaña como para el espectador medianamente interesados en cuándo ocurrirá la muerte y qué consecuencias legales traerá su suicidio. Pero esto de la eutanasia, si bien es un tema polémico y complejo, en esta cinta es sólo un pretexto. Almodóvar no ha dejado de hablar de lo que le interesa: las mujeres y, en este caso en particular, el tema de la amistad. De eso se trata La habitación del al lado: de la sororidad.

Esa palabra, sororidad, que viene del latín soror (hermana), comenzó a usarse en inglés en el siglo XVI pero en español sólo fue aceptada por la Real Academia Española (RAE) en 2018. Como si antes no hubiera existido este vínculo, o peor, como si no hubiera sido importante, o por lo menos no tan importante como la fraternidad, que designa la amistad entre hermanos.

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