
Si en algo hay consenso hoy entre los colombianos –divididos en casi todo– es en que el ambicioso plan de ‘paz total’ para apaciguar las tan enraizadas criminalidad y violencia del país, ha sido un fracaso. Esto, porque hasta hoy, hay muchos diálogos –siete mesas abiertas con grupos armados de distinto tipo– y ningún acuerdo para destacar.
Ante la decepción, la tendencia es pedir la ‘guerra total’ contra todos los grupos armados que le hacen tanto daño a la población. Y no me cabe la menor duda de que, ávidos de votos para mantener los privilegios del poder, varios políticos están capitalizando ya la desilusión de los colombianos y convirtiendo el discurso de mano dura en su caballito de batalla para la campaña electoral de 2026, que arrancará este 2025.
Su referente más importante, pero engañoso frente a los electores, será el fracaso de los diálogos del Caguán con las Farc y la victoria de Álvaro Uribe en la siguiente elección presidencial, la de 2002, cuando convirtió la ‘mano dura y corazón grande’ en el eje de su campaña presidencial.
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