
Algunas veces encontramos cosas que pertenecen definitivamente a otro tiempo y hay hallazgos que parecieran ser atemporales o intemporales y que vienen a interpelar nuestro presente. Así ocurre con las imágenes recién divulgadas, recuperadas de una lata marcada con las iniciales FGL y que estaban guardadas durante desde hace casi un siglo en casa de la familia de Gonzalo Menéndez-Pidal que nos muestran al inmenso Federico García Lorca en movimiento, a bordo de un carro que transportaba al grupo de teatro La Barraca, seguramente hacia Burgos en 1932. El responsable de este descubrimiento es el director Manuel Menchón, quien prepara un completo documental sobre el poeta que se estrenará en 2026 con el título de La voz quebrada.
Han sido noventa y tres años de quietud y polvo para que justo, cincuenta años después de la muerte de su verdugo Francisco Franco, el poeta resucite y vuelva a moverse ante los ojos del mundo como recordándonos su alegría y el triunfo de su poesía. Mientras España debatía si se debía o no conmemorar las cinco décadas de la muerte de Franco, el poeta vuelve a andar y a sonreír y nos mira a todos desde la ventana de una camioneta de los años treinta como señalando, a través del tiempo, que la memoria nos sobrevive y que pone en su justo lugar los hechos y sus protagonistas.
Ver a Federico García Lorca moverse, no en una animación digital ni en un simulacro generado por algoritmos sino en la verdadera palpitación humana conservada en cintas de nitratos originales, es una prueba más del asombro y de la poesía de siempre. Algo parecido ocurrió cuando hace unos años se descubrieron las únicas imágenes que conocemos del poeta peruano César Vallejo en movimiento en la sesión inaugural del Congreso Internacional de Escritores por la Defensa de la Cultura en Valencia, España, en julio de 1937.
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