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Edna Bonilla
Puntos de vista

Tristes ‘jugaditas’ en la UN, parte 2

En el último año y medio, la Universidad Nacional ha vivido una de las crisis institucionales más dolorosas de su historia reciente. Lo digo no solo como profesora y egresada, sino como alguien que ama profundamente esta institución, que es faro intelectual del país desde hace más de un siglo y medio. El daño causado por la confrontación política, las presiones externas y las decisiones improvisadas se siente en los pasillos, en las facultades y en la confianza de miles de estudiantes, profesores, investigadores y servidores públicos.

La disputa por la rectoría, que nunca debió convertirse en un pulso de poder ni en un botín político, terminó revelando una verdad amarga. Cuando se desconocen los procedimientos y se fuerza la interpretación legal, no solamente se altera la autonomía universitaria, sino que también se erosiona la democracia. En Colombia, la protección de las universidades públicas es una de las bases del Estado de derecho. Porque allí donde se vulneran las reglas, se desdibujan también las garantías democráticas que sostienen la vida institucional.

Hace un año y medio, en esta misma revista, escribí una columna titulada ‘Tristes jugaditas en la UN’. Lo que entonces advertí —las presiones políticas, las decisiones improvisadas y la instrumentalización de la universidad— no solo se repitió, sino que se agravó. Hoy, con dos fallos del Consejo de Estado y una evidente crisis institucional, esas ‘jugaditas’ han dejado de ser episodios coyunturales para convertirse en una amenaza estructural a la autonomía universitaria.

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