
La manipulación, amenaza y constreñimiento a poblaciones vulnerables y sus formas de organización es una práctica cada vez más extendida en el territorio nacional por parte de cuanto grupo armado aparece detrás de una economía ilegal. Esta vez me tocó, por primera vez en décadas, ver el lamentable espectáculo de los Nukak, con la amenaza de los que están por las sabanas de La Fuga, para que se atravesaran en la mitad de una carretera y les sirviera para un “mandado de guerra”. Por estos lares es novedoso, pero en otras partes como en el occidente del país es un asunto cotidiano, así como también la rabia acumulada por el resto de población, que no logra “capotiar” los impactos de cuanto cierre, bloqueo, marcha o cualquier otro impedimento a la movilidad, convertida en mecanismo de presión permanente.
Decenas de mensajes de “guasap” donde se oyen voces dando instrucciones de “frentiar, presionar, resistir” y, por supuesto, “traer más gente de las veredas” no vaya y sea que haya “repercusiones”. Un escenario local, con un trasfondo nacional de “paro armado nacional” para meterle más leña al fuego, en medio de las amenazas del hombre naranja contra este país donde también existe “la maldición de los recursos naturales”, pero también negocios de coca, oro, coltán y armas que interesa a varios como disculpa perfecta, y donde el moño son la abigarrada red de grupos armados que ven una oportunidad de encauzar sentimientos antiyanqui en medio de su cruzada mercantil. Es decir, se juntan el hambre con las ganas de comer.
Entre tanto, en un mundo local lleno de contrastes, veo las oportunidades tan grandes que se han abierto en estos territorios de La Marama, donde cada día llegan decenas de turistas, tanto de acá como de lejanos países, buscando cómo disfrutar de este enorme regalo de la naturaleza, que es la abundancia de paisajes, historia, cultura, biodiversidad, aguas, rocas y, sobre todo, gente que es alegre y cariñosa a pesar de todos los retos y dificultades con que han convivido. En pocos años, estas tierras que fueron testigo de combates, masacres, tomas, secuestros y coca se han convertido en un nuevo destino turístico promisorio, que ha sembrado una semilla que poco a poco se viene enraizando entre la gente local, y ya es un orgullo entre sus gentes el de ser testigos y protagonistas directos de esta transformación económica y cultural.
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