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Juan David Correa

El valor y el precio, tesoro

Escribo esta columna con la salvedad de que participé como ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes de este Gobierno, y que hablo, entonces, desde una parte interesada. En ese sentido, hay muchos asuntos a los que no me puedo referir, por haber firmado un acuerdo de confidencialidad que prometí honrar.

El galeón San José fue una de las naves de la Corona española que se hundió en la batalla de Barú, en 1708, con una carga de varias toneladas de doblones, barras de oro y de plata, así como de joyas y piedras preciosas, muchas de ellas provenientes de Bolivia y Perú. 

La historia del galeón en nuestra época reciente comienza en 1980, cuando una compañía estadounidense de nombre Glocca Morra Company —que traspasó sus derechos a Sea Search Armada (SSA), de la misma nacionalidad—, realizó una exploración en aguas colombianas en búsqueda de la inmensa embarcación y declararon, en 1982, que habían encontrado las coordenadas exactas del navío hundido, entregando dicha ubicación en un informe confidencial a las autoridades colombianas de la época. 

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