El nuevo escándalo está servido. Diego Marín, alias Papá Pitufo, no solo ha sido el arquitecto del contrabando en Colombia, sino que su sombra ha sido una constante en los pasillos del poder desde varios gobiernos atrás. Ahora reciente, su red de lavado de activos y corrupción con la campaña presidencial de Gustavo Petro ha sido una historia que se escribió en códigos de silencio, complicidades y advertencias ignoradas.
Vamos al principio. Desde el año 2022, la Presidencia de la República del gobierno de Iván Duque estuvo informada sobre la magnitud del entramado que sostenía alias Papá Pitufo y su relación con figuras clave de esa administración. Sin embargo, el caso se empolvó en los archivos, esperando el inevitable estallido que ahora sacude en el gobierno de Petro. Como diría el malvado Gargamel, los atraparé, así sea lo último que haga.
En un informe dirigido al director nacional del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) del 19 de abril de 2022, se documentan denuncias sobre cómo, desde centros comerciales en Cali y Pereira, se orquestaban operaciones de lavado de activos a través de criptoactivos y triangulaciones financieras con China y México. La investigación de la Fiscalía fue demoledora. Preguntaría el Pitufo bromista: ¿qué queda cuando cruzas una aplanadora investigativa para proteger a Papá Pitufo y después el gobierno entrante del presidente Petro? Un Papá Petrufo.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios










