
El 20 de mayo de 2026, la periodista de 6AM W de Caracol Radio, Marcela Puentes, le preguntó en una entrevista al presidente Gustavo Petro por Juliana Guerrero, acusada y llevada a juicio por la Fiscalía por obtener ilegalmente un título universitario. Le cuestionaba Marcela el hecho vergonzoso de que Guerrero, que nadie sabe por qué ha gozado de la protección y el padrinazgo de Petro, seguía siendo la representante del Gobierno ante el consejo directivo de la universidad del Cesar. Petro, como lo pueden ver ustedes acá, defendió a Guerrero haciendo lo que mejor sabe hacer: tirando distracciones, hablando del Gobierno pasado y usando sofismas y circunloquios para no contestar la pregunta. Finalmente, después de insistirle, dijo: “a la señora Guerrero no se le ha comprobado que no estudió en la San José”. Ese mismo presidente que ha acusado, sin pruebas, sin imputaciones de la Fiscalía y sin juicios a sus enemigos políticos y contradictores de robos billonarios y de genocidios, de repente se acuerda de la presunción de inocencia y el debido proceso.
Hace unas horas, una investigación de la revista Semana mostró cómo las hermanas Juliana y Verónica Guerrero habrían montado una red para cobrar millonarias sumas a empresarios a cambio de prometerles acceso a contratos en los ministerios de Vivienda e Interior y otras entidades del Estado. La revista tiene testimonios, chats, audios y consignaciones que mostrarían cobros de anticipos, comisiones del 10 por ciento sobre los contratos y pagos hechos directamente a las hermanas o a un intermediario, que también está identificado. Los denunciantes sostienen que entregaron más de 600 millones de pesos sin obtener los proyectos prometidos y que las Guerrero afirmaban tener influencia sobre decisiones de altos funcionarios e, incluso, sobre el manejo de recursos y nombramientos en varias entidades. El texto completo, que es extenso y detallado, cuenta una historia que era previsible desde hace meses, cuando se demostró la trampa cometida por Guerrero para comprar un título universitario, sumado a los extraños usos de aviones oficiales para diligencias personales.
A pesar de todo esto, Petro salió en sus redes sociales con una respuesta cínica en la que reconoce que las hermanitas Guerrero cobraron por unos favorecimientos contractuales, pero que su Gobierno es tan impoluto que esos pagos de empresarios, que por supuesto también son un delito, no sirvieron de nada. Si Petro sabía que eso estaba ocurriendo, ¿por qué no lo denunció?, ¿por qué siguió defendiendo a Guerrero en entrevistas y en declaraciones públicas?, ¿el presidente cree de verdad que somos tan tontos que compraremos la idea de que el episodio de Guerrero, que fue presentada por él en un consejo de ministros ante millones de colombianos, lo que demuestra es la transparencia de su Gobierno agonizante? Yo sí creo que los colombianos tenemos el derecho a exigir respuestas: ¿cómo terminó Guerrero dentro del Gobierno?, ¿quién la llevó a Palacio?, ¿cómo la conoció Petro?, ¿por qué la señora caminaba por las oficinas de la Presidencia sintiéndose con la autoridad para mandar, ordenar y dirigir?, ¿qué explica la defensa a ultranza, a pesar de las crecientes evidencias, de Petro a Juliana Guerrero?, ¿por qué Juliana Guerrero sigue siendo su delegada ante el Consejo Superior de la Universidad del Cesar?, ¿no les da pena a los congresistas del Pacto Histórico no denunciar lo que ocurre con el caso de Guerrero y, en cambio, seguir aplaudiendo como focas los delirios de Petro?
Finalmente, un mensaje al excandidato y senador Iván Cepeda: ¿no será este el momento, después de todo lo dicho y revelado por distintos periodistas sobre Guerrero, de alejarse de Petro y de todo lo que su figura representa? En lugar de respaldarle las fantasías sobre la elección presidencial que ganó De la Espriella, de anunciar actos paralelos a la posesión del 7 de agosto, ¿no será conveniente y justo criticar a Petro para, entre otras cosas, darle un chance a una nueva izquierda democrática y decente?
Vamos, senador Cepeda, encabece usted un cambio. Uno sin Guerreros y sin Roas.
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