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Rodrigo Botero
Puntos de vista

Bioeconomía, restauración y políticas perversas

Urge preparar al país para asumir la prioridad de restaurar millones de hectáreas que han sido deforestadas en los últimos años en el país y reconvertir un conjunto de sistemas productivos que, en general, aún no cumplen con criterios de sostenibilidad. Los datos de Colombia –según el Plan de Acción de Biodiversidad de Colombia al 2030–en materia de producción agrícola con criterios de crecimiento verde, fue de 0,32 por ciento para 2019 (¡dato más “reciente”!!), lo cual nos pone de frente nuestro rezago en esa materia y explica el porqué de la degradación de los ecosistemas al nivel que están. Estamos “sucios y el agua lejos”.

Por ello es tan significativo el acuerdo que se dio entre Fedegán y el Gobierno nacional para avanzar en ese proceso de compra de tierras y adjudicación, pues además del potencial efecto sobre las metas de reforma agraria ponía el tema de la reducción del área ganadera en casi una tercera parte de su ocupación actual, liberando 14 millones de hectáreas para usos forestales, agrarios o de servicios ambientales. Aquí viene un asunto fundamental, y es determinar las condiciones en que se encuentran las tierras disponibles y cuál es el mecanismo financiero y técnico para restaurar aquellas zonas que lo requieran.

En un territorio donde hay más de 30 millones de bovinos, con tendencia al alza por las condiciones de aumento en la demanda, hoy se podrían transformar millones de hectáreas en suelos que se encuentran degradados y baja capacidad de carga para destinarlos a procesos de reconversión, ya sea en modelos silvopastoriles, agrarios, forestales o de producción de servicios ambientales. Las políticas de financiación para la reconversión productiva pueden ser un buen reto para el cierre de este gobierno y en particular para el que vendrá, pues es urgente pasar la página de la variabilidad en reducir la deforestación, a la política de restauración nacional de ecosistemas en la escala y magnitud que corresponde, para empezar a cerrar la brecha enorme que existe entre los bosques y otros ecosistemas perdidos y la bajísima tasa de restauración nacional que venimos exhibiendo en las últimas décadas. Para citar una cifra reciente, la deforestación en los últimos siete años está un poco más arriba de 1.200.000 hectáreas, mientras la cifra de la meta de restauración nacional para el último cuatrienio fue de 753.000 hectáreas (ecosistemas terrestres y marino costeros) y la tasa promedio de restauración nacional efectiva, en los últimos años, es de 50.000 hectáreas por año. Patético.

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