Ir al contenido principal
Álvaro García Jiménez
Puntos de vista

El oscuro poder del Guasón

Tal vez uno de los recuerdos más intensos de mi infancia tiene que ver con la fascinación por los superhéroes. Eran figuras nítidas y misteriosas, entreveradas en una lucha terrible e interminable entre el bien y el mal. Entre capas, antifaces y súper poderes, ellos eran depositarios de nuestro cariño y admiración. Me acuerdo de que al cerrar los ojos podía transitar por Ciudad Gótica (todavía puedo hacerlo), un lugar donde siempre es de noche; el escenario perfecto para el triunfo de la justicia por cuenta de las aventuras de Batman, el misterioso millonario enmascarado. Pero desde entonces, entre las series en televisión y cómics ajados, hubo un personaje que, por lo menos a mí, me perturbaba más de lo que me divertía. No tenía poderes, ni plan, ni propósito definible. Solo una risa insoportable y una lógica siniestra: El Guasón. Con los años entendí que aquel payaso no era solo el villano central en la historia del Hombre Murciélago. Era —y es— la metáfora más salvaje del resentimiento convertido en discurso, del caos presentado como camino, y de cómo cierta gente puede terminar acompañando a quien no promete salvarla, sino quemarla.

Sí, El Guasón. Un bufón sin dios ni ley que parece el actor principal de un circo demente y delirante, pero que, si se mira con atención, no hace otra cosa que imponerse difundiendo el espejismo de una óptica deformada de la realidad. Es la locura disfrazada de coherencia: una respuesta ajustada a ese colapso del orden que busca por todos los medios.

El Guasón parece no actuar por codicia, ni siquiera por venganza: actúa porque piensa que el sistema, tal como está, merece la cremación. Lo sabe, lo disfruta y lo predica: “Soy como un perro que persigue carros. No sabría qué hacer si algún día alcanzo a uno, ¿sabes?”, dice El Guasón en el cine, con aires de inocencia. Claro que sabe de qué habla y qué busca. Lo que quiere no es el poder, sino el escenario.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales