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Jaime Honorio González
Puntos de vista

Lo que da la tierrita

Veo a muchos preocupados criticando que haya —hasta ahora— 75 precandidatos presidenciales en Colombia, faltando ya diez meses largos para la votación. Acaso, ¿qué tiene de malo? En Estados Unidos casi nunca hay más de diez aspirantes cuando comienza la carrera por el cargo. Y, bueno, muchos arrepentidos allá arriba con el que quedó. Así que el número de aspirantes, en realidad, viene a ser lo de menos. Mejor que haya muchos, mejor que hasta Batman quiera ganar. Esto está lleno de pingüinos y jokers.

En todo caso, aquí, para elegir, no es que hayamos sido muy acertados. Hay que decirlo.

Hace casi 25 años que un embolador de Bogotá ganó una de las curules del Concejo de la ciudad. Me acuerdo perfecto de su equipo de campaña, improvisado con algunos vendedores ambulantes de la esquina de la carrera 13 con calle 38, diagonal a la sede del Ministerio de Ambiente, donde trabajaba juicioso, todos los días hábiles desde por la mañana hasta por la tarde: Gloria, su pareja en ese momento, manejaba el puesto de dulces al lado y fue nombrada gerente de la campaña en el acto; un hermano que siempre andaba con él, el jefe de seguridad del desdentado candidato; y otro hermano, a quien Lucho señaló como “jodido”, el jefe de debate.

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