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Adriana Arjona
Puntos de vista

¿Adiós a la paz?

“La guerra nunca se acaba”, dice uno de los personajes de la película Adiós al amigo, de Iván David Gaona. Este western santandereano plantea esa y otras verdades: que ya nos hemos dedicado por demasiado tiempo a la muerte y ahora es tiempo de defender la vida; que el odio y el resentimiento no existen afuera, en el mundo, sino en la mente de los hombres; y que si la guerra sigue, aunque se haya firmado la paz (como en la película, que transcurre en 1902 tras la Guerra de los Mil Días), es porque responde a intereses de poderosos.

La paz debería ser una sola, pero en Colombia se ha firmado muchas veces. Desde la Guerra de los Mil Días (1899–1902), los procesos de paz no se limitan a los acuerdos con las guerrillas recientes: hacen parte de una tradición histórica de pactos políticos y militares para acabar guerras civiles o insurrecciones populares.

La Guerra de los Mil Días —un conflicto entre liberales y conservadores que dejó cerca de 100.000 muertos— terminó con el Tratado de Neerlandia entre el general liberal Rafael Uribe Uribe y el gobierno conservador. En los años cincuenta hubo intentos de pacificación con las guerrillas liberales, que lograron la desmovilización de algunos grupos, aunque sin un acuerdo estructurado. Con el Frente Nacional (1958–1974) se pactó la paz bipartidista. En los años ochenta, durante el Gobierno de Belisario Betancur, se abrieron diálogos con Farc, EPL, M-19, entre otros, que fracasaron en gran parte por la violencia contra la Unión Patriótica. Entre 1989 y 1991, durante el tránsito de Barco a Gaviria, se firmaron acuerdos con el M-19, el EPL y otros grupos, que derivaron en una tragedia inédita: el asesinato de cuatro candidatos presidenciales.

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