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Rodrigo Botero
Puntos de vista

¿Inminente contacto con pueblos indígenas aislados?

Sobrevolé esta semana el Parque Nacional Río Pure, y quedé con mucha rabia y frustración. Una horda de mineros está devorando la selva con ferocidad, estimulados por el precio internacional del oro, la impunidad total y el desolador escenario de una frontera sin control gubernamental, donde cada grupo armado colombiano que surge saca coca, marihuana, cobra impuestos a los ‘garimpos’ y entra armas para esta guerra infernal que pareciera endémica en nuestra patria. La admirable señora defensora del Pueblo me hacía ver todo lo que aún debemos mover en un Estado regional moribundo, donde los tales Mininteriores, Ambientes, ‘Chancillerias’ y Defensas siempre tienen una disculpa para no pararse de frente a la invasión del río Pure y la defensa del territorio del Pueblo Indígena en Aislamiento Voluntario colombiano que se encuentra en inminente riesgo de contacto no deseado, con las posibles repercusiones fatales que se han visto en otros pueblos que han sucumbido casi de inmediato al contacto, o moribundos, como el de los Nukak en Colombia.

Cuenta la leyenda que a finales de siglo XV y principios del XVI, entre españoles, ingleses portugueses y demás tribus depredadoras se lanzaron a buscar nuevas tierras, mercancías y, por supuesto, esclavos. Una vez llegaron a América, se toparon con tribus que de inmediato fueron caracterizadas como “salvajes, almas perdidas de Dios”, así como hoy lo siguen haciendo los tristemente célebres “misioneros de New Tribes” –los del Instituto Lingüístico de Verano– que siguen buscando almas, germoplasma y lenguas para los códigos de guerra, en helicópteros que arrojan herramientas a ver si los sacan con algo más que espejos. Con ferocidad, ingenio y mucha perseverancia, los conquistadores fueron sometiendo las tribus de este lado del planeta, ya fuera a punta de espada o cruz, o ambas. Con sorpresa, los que venían con la cruz veían como los indios caían por miles como resultado de las nuevas enfermedades traídas por los recién llegados y la ausencia de anticuerpos que no podían combatirlas. Eso mismo sucede hoy en pleno siglo XXI, como lo ha documentado la ciencia medica reciente.

Rápidamente, los recién llegados vieron que los propios de estas tierras usaban el oro en diferentes formas, unas más rituales que otras, pero en general era un uso abundante sin valor comercial, como volvió a ocurrir cinco siglos después, cuando una minera canadiense que aún anda por Taraira (donde ahora hasta contingentes de cargadores indígenas de marihuana se ven) y con un título en un Parque Nacional, omitió premeditadamente el valor chamánico del oro en la curación del mundo para los jaguares del Yuruparí. Menos mal, una muy decente Corte Constitucional recordó a estos y al mundo que esto es cierto. Pero las sentencias no son suficiente para salvar a todos los grupos, como pasa con los Yurí en el río Pure.

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