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Álvaro García Jiménez
Puntos de vista

La aprobación en tiempos de psicopolítica

Hay cifras que desconciertan no porque sean falsas, sino porque contradicen lo que creemos entender del mundo. Las encuestas más recientes dicen que la aprobación presidencial ronda el 50 por ciento, es decir que la mitad del país aprueba el desempeño de Gustavo Petro. El dato en sí mismo no tendría nada de extraordinario; lo llamativo es el paisaje de cifras en el que ese dato aparece.

Veamos solamente lo sucedido en las últimas semanas: el sistema de salud atraviesa una crisis terrible: un niño muere esperando un medicamento de la EPS que controla el Gobierno, mientras el ministro y el presidente culpan a la madre. Una señora fallece en un centro de salud —prácticamente ante las cámaras— mientras reclamaba atención para ella y su familia. La inseguridad campea en buena parte del país: los grupos armados se fortalecen y vuelven a presentarse como actores con capacidad de amenazar el proceso electoral. Colombia rompe records históricos de cultivos ilegales, producción y exportación de cocaína. La economía no está en su mejor momento: desmejoró la calificación de la deuda colombiana por cuenta del deterioro de las finanzas públicas y la dificultad para controlar el gasto. En el frente fiscal, los números hablan con una elocuencia que no depende de la ideología: el déficit del Gobierno central saltó de 4,2 por ciento del PIB a 6,7 por ciento en apenas un año; la deuda pública llega casi al 65 por ciento del PIB, rompiendo barreras que no se tocaron, incluso, durante la pandemia. La balanza comercial es la peor en décadas. Ecopetrol pierde valor año a año. Las relaciones internacionales no van bien: basta mirar hacia Ecuador. Colombia, descertificada y el presidente en la lista Clinton. Son datos, no opiniones. Y aun así, la aprobación de Petro sube.

Y la respuesta a esta aparente contradicción no está en la metodología de las encuestas. Durante mucho tiempo creímos que la política funcionaba como una ecuación, como una fórmula matemática: si los indicadores mejoraban, el gobierno se fortalecía; si empeoraban, se debilitaba. Pero ese mundo empezó a desaparecer para darle paso a otro, lejano de los datos reales como sustento, pero no por eso menos real.

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