Ir al contenido principal
Jaime Honorio González
Puntos de vista

Amarillo pollito

Disfrazados de amarillo pollito, parecería que vamos por el mundo prácticamente levitando, pero —al menos, esta vez— la realidad es que estamos un poco más que antes con los pies en la tierra, yo creo que producto de tantos desaires que la vida le ha hecho a este país, que resuelve todo a los madrazos o a los golpes (o combinándolos) y, más o menos a la media hora, está bebiendo hasta vomitarse, exactamente por la misma razón por la que se peleó.

Si a usted no le ha pasado, seguro conoce a alguien que sí.

Nuestro equipo de fútbol marca el ánimo nacional y la importancia de la vida misma. Colombia le gana a Ghana y en las calles se siente otro ambiente: la gente responde los saludos y los motociclistas ceden el paso; en los chats de papitos y mamitas no preguntan pendejadas, en los ascensores de las oficinas se alcanzan a notar sonrisas ligeramente insinuadas, las ventas en los restaurantes estrato seis o de empanadas en la esquina aumentan; todo es color de rosa, bueno, de amarillo, para ser exactos.

Pero, el mundo sigue girando. En estos días de goles, dos de nuestros generales de la República confiesan —vestidos de civil— su responsabilidad por haber permitido cientos de crímenes mientras dirigían los batallones y las brigadas y las divisiones de nuestro glorioso Ejército Nacional. 20 años después se muestran arrepentidos, aceptan sus culpas, dicen que la conciencia no los deja tranquilos y explican cómo funcionó la aceitada máquina de matar colombianos pobres o discapacitados o indefensos (o las tres cosas al tiempo, que es peor), todos inermes, “dados de baja” en combates donde los unos perdieron la vida y los otros ganaron un permiso de fin de semana, o una medalla de latón, o unas palmaditas en el hombro por eso que todos etiquetamos como “falsos positivos”.

Unas felicitaciones escritas con letras de sangre en sus hojas de vida. Que terminaron convertidas en listas de muerte.

El martes habrá otro partido. Más nos vale ganarle a Suiza o se nos vendrá el mundo encima. Tendríamos que volver a esa inmunda realidad que nos acecha allá afuera, la que no queremos ver porque nos da miedo que nos alcance; por ejemplo, esa de la violencia sin cuartel en muchas de nuestras zonas rurales, esa de la ensordecedora y desbordada guerra por cuenta del estruendoso fracaso de la ”paz total”, esa de la pelea callejera por cualquier motivo, esa de la discusión familiar porque sí y porque no y porque tal vez. En fin.

Más les vale a esos jugadores ganar como sea o acá los van a destrozar. Les dirán de todo, los escupirán, los insultarán, los amenazarán. Ya no serán dignos hijos de esta tierra, ya nadie estará orgulloso de ellos, los negarán más de tres veces, los venderán por menos de 30 monedas de plata, los crucificarán y olvidarán sus nombres, y a todos les gritarán “Gestas” y a ninguno “Dimas”, y así será hasta la eternidad del horripilante guayabo que se avecina y que padecerá este país, su país, mi país, hasta que cese la horrible noche, como lo han venido cantando gentes disfrazadas de amarillo pollito —qué digo, gritando— en los estadios del Mundial.

Tengo miedo de ese momento.

Más le vale a este país comportarse como debe ser. Más le vale al Gobierno que se va entregarlo todo, en forma debida, sin ocultamientos, sin rencores, sin odios. Más le vale al Gobierno que llega recibirlo todo, sin miramientos, sin rencores, sin odios.

Más le vale a abelardistas y cepedistas entender —más temprano que tarde— que van a tener que convivir por los próximos cuatro años (con su días y con sus noches), que se necesitan mutuamente, que no son los únicos que viven acá, que vencedores y vencidos son los mismos que se visten de amarillo pollito y se reúnen en unos estadios fantásticos a gritar el himno nacional hasta que comprendamos las palabras del que murió en la cruz.

Tan tán.

Jaime Honorio González
@JaimeHonorio

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir en redes sociales