
En la versión original de La Odisea de Homero, la ninfa Calipso (interpretada por Charlize Theron en el filme de Christopher Nolan) tuvo sexo con Odiseo durante siete años en la paradisíaca isla de Ogigia. A lo largo de ese tiempo Odiseo —Ulises para los romanos— padeció una constante encrucijada: elegir entre la vida muelle y eterna junto a la ninfa, o sucumbir a los trabajos impuestos por los caprichosos dioses para lograr su anhelado regreso a Ítaca. El Pacto Histórico, la principal fuerza política de Colombia, podría estar ante su propia encrucijada. Veamos, Viejo Topo.
Mi vinculación con la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona me permitió vivir de cerca el movimiento 15-M en España y el nacimiento de Podemos, una iniciativa política que canalizó de forma inteligente y creativa las aspiraciones de la mayoría social del país. Posteriormente, asistí como observador a la Segunda Asamblea Ciudadana de la organización en el Palacio de Vistalegre, un recinto erigido sobre una antigua plaza de toros en el barrio madrileño de Carabanchel. En 2015 Podemos obtuvo 69 escaños en el Congreso de Diputados de España. Cinco millones de españoles y españolas depositaron su voto por el nuevo partido. Diez años más tarde, Podemos ha pasado a ser un actor testimonial en el escenario político español. Parte de esta historia la describí en un opúsculo que titulé La mala reputación: ¿izquierda para existir o para ganar?
Te cuento esto, Viejo Topo, pensando en el Pacto Histórico tras los comicios de 2026, en los que conquistó una amplia representación parlamentaria y 12,7 millones de votos para su candidato a la Presidencia. El trayecto de Podemos fue de más a menos. La formación española fue perdiendo contacto con la mayoría social de su país a medida que cambió su discurso, y sus principales líderes, movidos por el ego y la vanidad, se enfrascaron en disputas internas, a lo que se sumaron algunos casos puntuales de incorrección ética. El lenguaje popular fue sustituido por un discurso identitario y tribal, cada vez más alejado del sentido común de la gente. El Pacto Histórico debe evitar este ruinoso camino.
El Pacto Histórico inició con buen pie su gestión en el Congreso. Durante la sesión del pasado 20 de julio, la bancada actuó de forma unificada y respaldó públicamente la candidatura a la presidencia del Senado de un político situado en sus antípodas ideológicas. La maniobra táctica arruinó el debut de los allegados de Abelardo en el Legislativo. Para Lenin —considerado por muchos el político más hábil y eficaz del siglo XX—, la táctica debe adaptarse a las circunstancias de cada momento, pero sin perder jamás de vista el rumbo estratégico. La meta estratégica del Pacto Histórico es la imponerse en las elecciones locales del próximo año y retomar el poder presidencial en 2030, con el propósito de completar la agenda de reformas y políticas sociales iniciada en el Gobierno de Gustavo Petro en beneficio de la mayoría social de Colombia.
Comenzar bien no basta: hay que saber evolucionar y culminar el proceso. De cara al próximo encuentro nacional del Pacto Histórico —sea un congreso, asamblea o conferencia—, resulta indispensable adoptar medidas organizativas que prevengan tanto el caudillismo ciego —partido rebaño— como la instrumentalización y el perrateo de la movilización social. Un liderazgo político inteligente sabe sincronizar el ritmo de las instituciones con la fuerza de la protesta social. Si por alguna razón, Viejo Topo, te das una vuelta por el encuentro nacional del Pacto Histórico, vale la pena que lleves contigo estas sugerencias:
Primera: validar los aciertos y enmendar los yerros de la campaña presidencial, priorizando siempre el respeto y evitando la confrontación destructiva. No está bien mear desde afuera hacia adentro.
Segunda: vertebrar la fuerza política sobre una base territorial, desde lo local a lo nacional y de abajo hacia arriba, permitiendo que cada región, acorde a sus particularidades, elija a sus directivas a través de primarias y rechazando las candidaturas impuestas. Un mínimo de democracia interna —sin caer en el asambleísmo inoperante— es vital para la permanencia y consolidación del movimiento.
Tercera: el poder está en la gente, no en los egos. Quienes ocupan un cargo por el Pacto Histórico deben rendir cuentas a sus electores y no actuar como figuras de espectáculo. Salirse de la línea colectiva para dar opiniones a título personal transmite una clara señal de caos e improvisación a la sociedad.
Cuarta: a diferencia de otras latitudes donde la izquierda envejece, en Colombia se rejuvenece. Los recientes comicios demostraron que la juventud es la fuerza motriz del Pacto Histórico, convirtiendo el relevo generacional en un mandato ineludible. Por ello, las juventudes deben tener una representación real en la estructura municipal, departamental y nacional del movimiento, y asumir de manera decisiva cientos de candidaturas en los próximos comicios.
Quinta: el Pacto Histórico no solo debe proteger el capital político acumulado durante el Gobierno de Gustavo Petro, sino también honrar su compromiso con la comunidad internacional. Bajo su gestión, Colombia se consolidó como un referente global en la defensa de la paz mundial, el antibelicismo, la integración del Sur Global y la acción frente a la crisis climática, la protección de la Amazonía y la situación en Gaza.
Sexta: el Pacto Histórico debe asumir una postura de partido de Estado, dejando de lado el victimismo y la paranoia. La oposición al Gobierno de Abelardo tiene que ejercerse de forma organizada y rigurosa. Dirigencia y militancia deben actuar con firmeza, rechazar categóricamente cualquier forma de violencia y evitar a toda costa replicar la oposición caótica, irresponsable y sectaria que enfrentó el Gobierno de Gustavo Petro.
Séptima: es fundamental conformar un equipo profesional y permanente que lidere la estrategia de comunicación política, adaptado a las dinámicas del entorno digital actual.
Octava: la comisión de ética del Pacto Histórico no puede quedarse en un mero trámite de papel. Debe actuar sin favoritismos ni amiguismos frente a la corrupción. La inmoralidad de algunos funcionarios incrustados en el Gobierno de Gustavo Petro ya ha pasado factura y generado un impacto negativo entre los electores.
Novena: impulsar la creación de un tanque de pensamiento que, nutrido de nuestra realidad local, mantenga una proyección global. Paralelamente, estructurar una escuela de formación descentralizada —en modalidades presencial y virtual— orientada a cohesionar y fortalecer la base ideológica de los miembros y simpatizantes del partido.
Apunte: Un aplauso para el Gobierno de Gustavo Petro y para el periodista Daniel Coronell por su decidido apoyo al activista Beto Coral y su atención al trágico caso de Joan Sebastian Durán Guerrero, el joven colombiano abatido a tiros por un agente del ICE en Maine. La defensa y protección de sus ciudadanos debe ser una garantía absoluta de todo Estado democrático.
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