
En el plan de gobierno de Abelardo de la Espriella, en el capítulo 3, titulado ‘La seguridad de la Patria Milagro’, el punto 1 promete: “Destruir las 330.000 hectáreas de coca y valerse de todas las herramientas que nos permite la ley y la tecnología con la fumigación aérea, la erradicación manual, la persecución a los capitales de los narcos, la extinción de dominio express, la sustitución y la extradición”. Luego, una vez elegido presidente, en su extenso discurso de posesión, De la Espriella anunció el regreso de la fumigación aérea para combatir las 261.000 hectáreas de coca que, según la ONU, hay en Colombia, la cifra más alta registrada en la historia.

En ese discurso el presidente afirmó que se utilizarían herbicidas de última generación que no afectaran la salud ni el medio ambiente y que respetaran las condiciones que impuso la Corte Constitucional en distintas sentencias. La estrategia, explicó De la Espriella, consistiría en combinar la aspersión y otras formas de erradicación con la sustitución por cultivos como cacao, café, coco, maíz y palma, apoyándose además en tecnologías de países como Estados Unidos para realizar fumigaciones más focalizadas. Estaba claro que la fumigación aérea con herbicidas volvería en este Gobierno. Las preguntas a resolver eran dos: ¿cuándo, y con qué herbicida? Pues bien, el Consejo Nacional de Estupefacientes ya está trabajando y tiene muy avanzado un plan piloto de fumigación aérea de cultivos ilícitos que podría comenzar a implementarse en menos de un mes.
El herbicida que utilizarán para este piloto será el glufosinato de amonio, un herbicida que en 2016, después de la suspensión de las fumigaciones con glifosato, estuvo en pruebas de la Policía en el Huila, Nariño y la escuela de la Policía en San Luis, Tolima. El glufosinato de amonio, comercializado por Bayer, fue seleccionado en ese entonces entre 25 sustancias evaluadas. Cuando comenzaron las críticas, Bayer, su fabricante, defendió su seguridad argumentando que se usa en más de 100 cultivos en cerca de 80 países. La OMS, según información en fuentes abiertas que pueden ver acá, clasifica el glufosinato de amonio como Clase II, es decir: “moderadamente peligroso”, mientras que el glifosato está en Clase III: “ligeramente peligroso”. Es decir, en la clasificación de peligrosidad aguda de la OMS, el glufosinato está una categoría por encima del glifosato. Este será, seguramente, el punto más crítico para el Gobierno a la hora de explicar este plan piloto.

Puedo confirmar también que la fumigación será mediante aeronaves tripuladas para evaluar su eficacia, los riesgos para la salud y el ambiente. Esto no quiere decir que ya se esté autorizando el regreso generalizado de la aspersión aérea, pero es un primer paso. El plan piloto se realizará en una zona que es reservada, y excluiría áreas protegidas y territorios étnicos. Aún tiene que buscar, antes de comenzar, un concepto favorable del Instituto Nacional de Salud (INS), en manos de la respetada doctora Zulma Cucunubá, así como una autorización ambiental de la ANLA y avales del ICA y la Aerocivil. Si los resultados del plan piloto son favorables, cualquier ampliación a un programa general de fumigación requerirá una nueva decisión del Consejo Nacional de Estupefacientes.
Cierro recordando que la Corte Constitucional ha exigido priorizar la sustitución voluntaria y luego la erradicación manual, además de estudios científicos específicos sobre la nueva sustancia y participación de las comunidades, con consulta previa, cuando corresponda. En otra oportunidad podríamos hablar de la efectividad de la fumigación aérea, que ya se utilizó ampliamente en Colombia en el marco del Plan Colombia, sobre todo en los años de Álvaro Uribe, y los argumentos que señalan que la tasa de resiembra es muy alta, sobre todo si la fumigación no viene acompañada de alternativas viables de supervivencia para las comunidades que viven, sobre todo, del cultivo de la hoja de coca.

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