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Maurice Armitage
Puntos de vista

La importancia de las empresas

En los últimos diez días las empresas nacionales se han volcado a entregar grandes donaciones para atender a los damnificados del terremoto e iniciar la reconstrucción de lo que destruyó. Y eso está muy bien, porque esos aportes les han generado esperanza a quienes ahora ven el futuro con incertidumbre, y son importantísimos para que Colombia resurja de sus cenizas. Sin embargo, la verdadera función social de las empresas no está en la generosidad de sus donaciones sino en la manera como se desarrollan para construir un país más justo, solidario y equitativo.

Cuando alguien decide fundar una empresa, su primer objetivo es que su familia esté bien. Una vez logra suplir esa necesidad personal, el siguiente paso es velar por el bienestar de quienes hacen posible que esa empresa crezca, que son los trabajadores. Entonces cuando ellos son valorados como seres humanos y ven que pueden progresar en el lugar donde decidieron trabajar, es cuando empieza a configurarse una comunidad fuerte donde la confianza hace que todos halen para el mismo lado. 

Ese sentido del trabajo mancomunado, en el que la gente se cuida mutuamente y el crecimiento es compartido, le da muy buenos réditos a la sociedad. Y uno de ellos es el de la solidaridad, justamente la cualidad que mejor ha retratado la grandeza del pueblo colombiano en las últimas semanas: ver a la gente humilde sacando comida de su mercado para compartírsela a los más desvalidos es muy diciente, y tiene un valor incalculable debido al enorme esfuerzo que hicieron para dar lo que les hacía falta y no lo que les sobraba.

Siguiendo con la importancia del aparato productivo, una vez un empresario alcanza la satisfacción de ver que su gente también está progresando, el paso que le queda por dar es tratar de incidir en el bienestar de la región donde decidió establecer su empresa. Y la mejor manera de hacerlo es irrigando precisamente los valores que la hicieron crecer: el valor de caer, levantarse y no darse por vencido; el valor de luchar contra cualquier adversidad para salir adelante; el valor de la resiliencia; el valor del trabajo colectivo; el valor de ser solidario con el otro; el valor de encontrar soluciones; el valor de la innovación; el valor de trabajar duro y el valor de ser buena persona.

Esa es la verdadera función social de las empresas: fortalecer a la sociedad con una actitud de vida para que obtenga las mismas oportunidades de progreso que han tenido sus trabajadores a lo largo de los años, una actitud que tarde o temprano termina manifestándose para superar situaciones tan complejas como la que estamos viviendo. Por esa razón debemos valorar mejor a las empresas: no por productivas, sino por el inmenso capital social que generan.

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