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Vanessa Londoño
Puntos de vista

La importancia súbita de cada persona

No nos dimos cuenta  deen qué momento, mientras retiraban los escombros y las ruinas, los socorristas estaban despejando no solo los edificios que se precipitaron al suelo, sino alumbrando un horizonte distinto de libertades ciudadanas. Armados apenas de baldes de construcción y cascos de bicicleta, los voluntarios rescataron las vidas atrapadas bajo torres de cascajo y casas que se desplomaron entre muros que agonizaban; pero lograron sacar, sobre todo, desde el fondo olvidado de la historia reciente de Colombia, quizás el hallazgo más importante de todos: la sociedad civil. A tan solo unas horas del terremoto, cuando aún convivían el miedo y el impulso autoconvocado de la ciudadanía por ayudar, se articularon cuadrillas espontáneas de sonidistas y voluntarios; ciudadanos y ciudadanas que, en ese reacomodamiento forzoso de los oficios por la emergencia, se transformaron rápidamente en agentes de tránsito, médicos, enfermeros y cargueros, reclamando para sí mismos el poder cívico del gobierno ciudadano. Las ollas comunitarias y los centros de acopio que restauraron los sentidos vitales de la sociedad mediante su gestión improvisada, fueron generando otro sismo: hicieron temblar y hasta sus cimientos, a las iglesias y al poder. Y los hicieron temblar, principalmente, porque en su organización y autogobierno, la ciudadanía demostró que es posible vivir fuera del control burocrático del Estado y del dominio de las corporaciones; y también que cuando aparece el reconocimiento del prójimo, la religión desaparece casi de golpe como si fuera ella la que nos aleja. Por eso las primeras respuestas oficiales, completamente antagónicas a la ternura ciudadana, consistieron en la militarización, la represión de la hazaña popular y la escandalosa exigencia de requisitos a las ayudas humanitarias, porque con ello intentaban restaurar forzosamente la artificiosa jerarquía de su liderazgo. Las toneladas de donaciones, la solidaridad desbordada y la fuerza ciudadana redujeron al presidente y a sus ministros a su verdadera insignificancia, banal y mezquina. Desde lo alto de esa cumbre se produjo entonces el desplazamiento de otras placas tectónicas: el rescatista se hizo más importante que el alcalde o que cualquier otro burócrata, y en ese reacomodamiento de los oficios existió también un acto revolucionario. Para la historia quedará que, durante el terremoto de 2026, Colombia conoció una toma ciudadana del poder que trascendió los límites de la solidaridad hacia la más noble y generosa de su historia. Millones de ciudadanos anónimos se dieron cuenta de su rotunda relevancia en el colectivo y de que la necesidad mutua que tenemos por existir con un mismo propósito se llama así: sociedad civil. Como escribió Monsiváis sobre el terremoto de 1985 en ciudad de México, democracia puede ser, también, la importancia súbita de cada persona.

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