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Marisol Gomez
Puntos de vista

Petro y un triste final para el Gobierno ‘del cambio’

Gustavo Petro termina este viernes su ciclo como presidente de Colombia con su bandera anticorrupción hecha pedazos.

  Desde luego, la justicia tendrá que investigar las denuncias de la última semana sobre casos de supuesta corrupción y nepotismo de varios funcionarios de su Gobierno, pero el solo hecho de que provengan de personas que ocuparon cargos de alta confianza durante su mandato, como Angie Rodríguez, y de que haya chats, audios y consignaciones bancarias que respaldan esas denuncias, hacen más patético el final de la Presidencia de Petro. 

Antes de ocupar el cargo de gerente del Fondo Adaptación —entidad que maneja millonarios recursos para contrarrestar los efectos de la crisis climática—, Angie Rodríguez fue la directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE), cargo en el cual ejercía como mano derecha del presidente.

La veracidad de las denuncias tendrá que ser probada, pero la lista de irregularidades que se han hecho públicas es suficiente para derrumbar por completo el discurso del Gobierno ‘del cambio’, que ya había quedado bastante agrietado por el escándalo de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), institución de la cual salieron los millones que recibieron como soborno los expresidentes del Congreso Iván Name y Andrés Calle —hoy en prisión— por apoyar reformas gubernamentales.

En los últimos días, Angie Rodríguez no solo denunció que fue conminada a trasladar 1,2 billones de pesos del Fondo Adaptación hacia la UNGRD, sino que afirmó que una protegida del presidente Petro y representante del Gobierno en el Consejo de la Universidad Popular del Cesar, Juliana Guerrero, presionaba a funcionarios de varias entidades para adjudicar contratos y cobraba coimas a los contratistas para ayudarlos a obtenerlos. 

Según la exdirectora del DAPRE, el presidente fue alertado por ella de los comportamientos de Guerrero, pero habría desatendido sus advertencias. Según anteriores denuncias de CAMBIO, Guerrero también falsificó títulos universitarios. 
Además de dejar al descubierto la supuesta corrupción de funcionarios del Gobierno, las denuncias de la antigua mano derecha de Petro en la Presidencia han desnudado tráfico de influencias y nepotismo. 

La misma Angie Rodríguez señaló que otra joven consentida del presidente, Gabriela Muñoz, hacía y deshacía en la Aerocivil, donde habría hecho gala del tráfico de influencias.  

Su mamá, Liliana Olaya, quien tenía tareas de contrainteligencia en la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), admitió haber recomendado el nombramiento de su hija Gabriela, de su hijo Santiago Muñoz y de cuatro sobrinos en la Aerocivil.

Y qué falta de estatura política exhibió Petro al intentar desacreditar las denuncias de Angie Rodríguez poniendo en entredicho su salud mental y haciendo pública en su cuenta de X una incapacidad médica de su funcionaria tras una valoración siquiátrica. 

Cuesta trabajo entender por qué un presidente que se precia de ser humanista optó por esa bajeza en vez de pedir que se hagan las investigaciones del caso y se castigue los posibles delitos de sus funcionarios, como le correspondería a un jefe de Estado.

Es lo que tendría que haber hecho también ante la presunta corrupción sugerida en los audios atribuidos a la excolaboradora de Verónica Alcocer, la colomboespañola Eva Ferrer, quien atribuye a la exprimera dama de la Nación gastos exorbitantes y uso amañado de dineros públicos. También afirmó que la exesposa de Petro recibió dos millones de euros durante la campaña. “Y el dinero les gusta pa’ ellos”, aseguró.

Es justo decir que la corrupción no ha sido exclusiva del Gobierno de Petro y que ha estado presente en todos los gobiernos de Colombia. Y es probable que por la polarización política y por la tradición conservadora del país, Petro —el primer presidente izquierdista de Colombia— haya sido el más escrutado de todos, tanto por la oposición como por los medios de comunicación. Y para muestra ahí están las filtraciones.

Pero precisamente por haber creado la expectativa de ser el mandatario que rompería con la corrupción y el nepotismo, y por haber fallado rotundamente en ese propósito, es tan triste este final.

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