
Estudio revela cómo los perros de terapia podrían ayudar en la recuperación tras un ACV
Un estudio de Mayo Clinic encontró que incorporar perros entrenados a las sesiones de rehabilitación de pacientes que habían sufrido un accidente cerebrovascular (ACV) aumentó su participación y nivel de actividad física durante las terapias. Los detalles del análisis científico.
Por: Nataly Ríos
Un estudio de Mayo Clinic encontró que incorporar perros de terapia a las sesiones de rehabilitación de pacientes que habían sufrido recientemente un accidente cerebrovascular (ACV) puede aumentar su participación, motivación y nivel de actividad física durante el tratamiento. La investigación, publicada en Mayo Clinic Proceedings, comparó la rehabilitación convencional con un programa en el que perros entrenados y sus cuidadores se integraron activamente a los ejercicios de los pacientes.
La investigación incluyó a 50 personas hospitalizadas recientemente por un ACV, quienes fueron asignadas aleatoriamente en dos grupos de 25 participantes. El primero recibió el tratamiento habitual de rehabilitación, que incluía terapia física, ocupacional y del habla. El segundo recibió el mismo tratamiento, pero algunas de sus sesiones incorporaron terapia asistida con animales.
El estudio se realizó entre febrero de 2023 y febrero de 2024 en el programa de rehabilitación cerebral para pacientes hospitalizados de Mayo Clinic, en Rochester, Minnesota, Estados Unidos.
CAMBIO entrevistó al doctor Brent Bauer, médico especialista en medicina interna de la Clínica Mayo y uno de los autores de la investigación. El galeno explicó que la hipótesis era que la participación de equipos conformados por perros entrenados y sus cuidadores podía favorecer la recuperación de quienes habían sufrido recientemente un ictus.
“Para comprobarlo, formamos dos grupos de pacientes, todos ellos con un ictus (ACV) reciente. Un grupo recibió la visita de un equipo formado por un perro y su dueño en distintos momentos a lo largo de sus ejercicios de rehabilitación. El otro grupo recibió la atención habitual para pacientes que se recuperan de un ictus”, explicó Bauer.
Los perros no estaban allí solo para acompañar
Uno de los aspectos importantes de la investigación fue que los animales no se limitaron a acompañar a los pacientes. Los perros fueron incorporados directamente a los ejercicios diseñados por los terapeutas, de acuerdo con las necesidades y capacidades de cada persona.
Las actividades variaban entre pacientes. Algunos caminaban junto al perro, mientras que otros realizaban ejercicios como jugar a lanzarle una pelota, acariciarlo o cepillarlo. De esta manera, una actividad que podía parecer recreativa también servía para trabajar capacidades motoras específicas. Por ejemplo, para entrenar la motricidad fina, los pacientes podían cepillar el pelaje del perro. Para trabajar la marcha y la corrección de la postura, podían caminar acompañados por el animal.
El protocolo contemplaba sesiones de 30 minutos y cada paciente participó en entre una y seis sesiones, con un máximo de tres sesiones por semana durante un periodo de hasta dos semanas, dependiendo de su estancia hospitalaria, condiciones de salud y otros factores.
La intervención estuvo a cargo de 14 equipos conformados por perros de terapia y sus cuidadores, pertenecientes al programa Caring Canine de Mayo Clinic. Los animales habían sido seleccionados y preparados específicamente para desenvolverse en el ambiente hospitalario.

Más movimiento y mayor participación
Los resultados mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los pacientes que realizaron rehabilitación convencional y aquellos que tuvieron sesiones asistidas con animales. Uno de los principales indicadores fue la participación en la terapia. Los pacientes del grupo que trabajó con perros obtuvieron una puntuación mayor en la Escala de Participación en la Rehabilitación de Pittsburgh, una herramienta estandarizada utilizada por los terapeutas para valorar el grado de implicación del paciente en los ejercicios prescritos.
El grupo que recibió terapia asistida con animales obtuvo una puntuación promedio de 5,6, frente a 4,96 del grupo de control. También se registró un aumento en la actividad física. Los pacientes que realizaron las sesiones con perros alcanzaron un promedio de 272,57 conteos de actividad por minuto, frente a 199,65 en el grupo de rehabilitación convencional.
Además, permanecieron en movimiento durante una mayor proporción del tiempo: 89,64 por ciento frente a 81,43 por ciento en el grupo de control. Esto significa que durante las sesiones de rehabilitación, los participantes que trabajaron con los animales estuvieron activos durante más tiempo.
Para Bauer, estos resultados fueron especialmente relevantes porque no se basaron únicamente en la percepción de los pacientes. El equipo utilizó herramientas validadas para evaluar su participación, medir el tiempo real dedicado a la actividad y registrar parámetros relacionados con el movimiento.
“En este estudio, todos estos parámetros mejoraron significativamente en los pacientes que recibieron servicios asistidos con animales, en comparación con aquellos que no recibieron las visitas de los perros”, señaló el especialista.
El perro como motivación para hacer un ejercicio
Más allá de las mediciones, los terapeutas también observaron cambios en la disposición de los pacientes para participar en determinadas actividades. Bauer explicó que algunos pacientes se mostraban más dispuestos a caminar cuando podían hacerlo acompañados por un perro. En otros casos, personas que inicialmente no tenían demasiada motivación para realizar ejercicios para recuperar el control motor fino mostraban mayor entusiasmo cuando la actividad consistía, por ejemplo, en utilizar un cepillo para peinar al animal.
“Los terapeutas también observaron de forma independiente una mejora en la implicación general cuando los perros estaban presentes”, indicó Bauer. Según el especialista, también se observó una mejora general del estado de ánimo durante las sesiones en las que participaban los animales.
Esto es relevante en la rehabilitación después de un ACV, ya que recuperar funciones puede requerir ejercicios repetitivos y esfuerzo físico. El estudio parte precisamente de que la falta de motivación y energía puede convertirse en una barrera durante el proceso de recuperación.

¿Qué ocurre con el estrés?
Los investigadores también quisieron saber si la presencia de los perros tenía algún efecto sobre la respuesta fisiológica al estrés. Para ello, analizaron diferentes parámetros, entre ellos la variabilidad de la frecuencia cardíaca, el cortisol y la oxitocina presentes en la saliva y la temperatura de la membrana timpánica.
Los resultados mostraron diferencias significativas entre los grupos en dos medidas de variabilidad de la frecuencia cardíaca: RMSSD y SDNN. Los investigadores interpretaron estos cambios como indicios de una posible mejora en la respuesta al estrés durante las sesiones asistidas con animales.
Bauer destacó este hallazgo: La variabilidad de la frecuencia cardíaca mejoró en general cuando los perros formaban parte de la rehabilitación. "Este es un buen indicador del estrés general y, cuando aumenta (mejora), es un buen indicio de que se ha producido una reducción significativa de los efectos negativos del estrés. Nos alegró mucho comprobar que así fue en el caso de los pacientes que participaron con los perros”. señaló el experto.
Sin embargo, no todos los indicadores mostraron cambios. Los niveles de cortisol, una hormona relacionada con el estrés, disminuyeron después de las sesiones tanto en los pacientes que recibieron rehabilitación convencional como en quienes trabajaron con perros. La oxitocina, relacionada con el bienestar y los vínculos sociales, aumentó ligeramente en ambos grupos. Por eso, los investigadores consideran que las sesiones con perros, al ser relativamente cortas, podrían no haber sido suficientes para generar cambios importantes en estos indicadores.

Un resultado prometedor, pero todavía no definitivo
Los resultados de la investigación aportaron evidencia sobre el potencial de incorporar perros de terapia en determinadas sesiones de rehabilitación de pacientes que se recuperan de un ACV, especialmente por el aumento observado en su participación y actividad física durante el tratamiento.
Sin embargo, como parte de sus alcances, los investigadores señalaron algunos aspectos que deberán explorarse en futuros estudios. La investigación se realizó en un único centro médico y contó con 50 pacientes, todos ellos en condiciones de participar activamente en un programa de rehabilitación hospitalaria. Por ello, ampliar la investigación a un mayor número de personas y a otros centros permitiría determinar si los resultados pueden mantenerse en diferentes grupos de pacientes.
El estudio se concentró además en el periodo de hospitalización, por lo que no permite establecer todavía si los cambios observados durante las sesiones tienen un efecto en la recuperación a largo plazo. Los autores consideraron que realizar un seguimiento después del alta podría aportar más información sobre este aspecto.
También plantearon que sería útil analizar características clínicas específicas de los pacientes, como el tipo y la ubicación del ACV y otras condiciones de salud, para identificar posibles diferencias en la respuesta al tratamiento asistido con animales.

El reto de llevar esta terapia a más hospitales
Para Bauer, uno de los próximos pasos es repetir la investigación con una cantidad mayor de pacientes y analizar si los resultados pueden reproducirse en personas con diferentes enfermedades y condiciones. Pero también existe un desafío práctico: garantizar que los animales puedan desenvolverse de manera segura y adecuada dentro de un hospital.
El especialista destacó que una parte importante del éxito del programa de Mayo Clinic está relacionada con la preparación de los equipos de perros y cuidadores. Los animales son seleccionados y entrenados específicamente para trabajar en entornos hospitalarios.“Para que esta iniciativa se repita en otras instituciones, será importante poner en marcha programas de formación formales con un rigor similar”, sostuvo.
La conclusión del estudio, por ahora, es prometedora: la rehabilitación de pacientes con ACV que incorpora tratamiento asistido con animales puede favorecer su participación y actividad física durante las sesiones. Para Mayo Clinic, el objetivo es que los recursos complementarios que demuestren ser útiles puedan ponerse al alcance de los pacientes que quieran utilizarlos. Para algunos pacientes, levantarse y caminar junto a un perro puede convertirse en una motivación adicional para afrontar uno de los procesos más exigentes de la recuperación después de un ACV.

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