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Compuestos del ‘cannabis’ y la pimienta negra muestran resultados prometedores frente a tumor cerebral agresivo
El estudio encontró que compuestos presentes en el cannabis y la pimienta negra podrían complementar el tratamiento del glioblastoma, uno de los cánceres cerebrales más agresivos. Crédito: Magnific.
Salud y bienestar

Compuestos del ‘cannabis’ y la pimienta negra muestran resultados prometedores frente a tumor cerebral agresivo

Un estudio de la Universidad Nacional encontró que compuestos presentes en el ‘cannabis’ y la pimienta negra podrían complementar el tratamiento del glioblastoma multiforme, uno de los tumores cerebrales más agresivos.

Por: Nataly Ríos

El glioblastoma multiforme es considerado el cáncer cerebral primario más agresivo que existe. Crece rápidamente, invade el tejido sano del cerebro y suele reaparecer incluso después de tratamientos como cirugía, radioterapia y quimioterapia. Además, la supervivencia de quienes lo padecen a cinco años es inferior al 5 por ciento, por lo que encontrar nuevas alternativas terapéuticas sigue siendo uno de los mayores retos de la oncología.

En ese contexto, el químico farmacéutico Andrés David Turizo Smith, doctor (PhD) en Oncología de la Universidad Nacional de Colombia, asesor de la Comisión Revisora de Medicamentos de Síntesis y Biológicos del Invima e investigador clínico del Centro de Investigación y Entrenamiento en Neurocirugía del Hospital Universitario de La Samaritana (CIEN-HUS), lideró una investigación para evaluar el potencial de compuestos presentes en la planta de cannabis (Cannabis sativa) y en la pimienta negra (Piper nigrum) como terapia complementaria para este tipo de cáncer.

Los resultados, obtenidos en laboratorio, muestran que estas sustancias podrían ayudar no solo a combatir las células tumorales, sino también a reducir algunos de los efectos secundarios de los tratamientos convencionales y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

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Los resultados fueron obtenidos en pruebas de laboratorio y representan un primer paso hacia el desarrollo de nuevas terapias complementarias contra el glioblastoma. Crédito: Magnific.

Una investigación que comenzó hace diez años

Turizo Smith explicó que el proyecto es el resultado de una década de trabajo con productos naturales: "Yo trabajo con productos naturales hace unos diez años desde el pregrado, en el Grupo de Investigación en Fitoquímica y Farmacognosia de la Universidad Nacional. Una de las plantas que más hemos estudiado es el cannabis, especialmente por su potencial en enfermedades del sistema nervioso central".

Ese camino lo llevó a colaborar con investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, uno de los centros con mayor trayectoria en el estudio de cannabinoides aplicados a tumores cerebrales.

"Tuve la oportunidad de trabajar con el doctor Guillermo Velasco, uno de los investigadores más importantes del mundo en este tema, quien acaba de terminar un estudio clínico sobre el uso de mezclas de cannabinoides en pacientes con glioblastoma", señaló el investigador.

Asimismo, gracias al mal pronóstico de esta enfermedad, el investigador terminó de motivar la investigación: "Es una enfermedad que tiene muy pocas o prácticamente ninguna alternativa terapéutica realmente efectiva. Surgió el deseo de poder colaborar, así fuera mejorando la calidad de vida o aumentando la supervivencia de estos pacientes".

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Los cannabinoides estudiados demostraron capacidad para inducir la muerte de células tumorales utilizando dosis inferiores a las de algunos tratamientos convencionales. Crédito: Cortesía del investigador.

¿Qué encontraron en el estudio?

Durante el estudio se analizaron principalmente dos cannabinoides: el cannabigerol y el cannabicromeno, los cuales demostraron una potente actividad citotóxica, es decir, la capacidad de inducir la muerte de las células cancerosas.

Además, se observó que estos compuestos lograban ese efecto utilizando dosis considerablemente menores que medicamentos de quimioterapia como la temozolomida y el cisplatino, utilizados actualmente para tratar el glioblastoma.

Uno de los hallazgos más llamativos fue que, cuanto más agresivo era el tumor, mayor parecía ser la respuesta frente a los cannabinoides. "A medida que el cáncer se vuelve más agresivo y maligno, el tejido pierde las características propias de las células normales y empieza a comportarse de manera similar a una célula madre. Se vuelve 'egoísta', pues su único fin es crecer, proliferarse y expandirse", explicó Turizo.

Según el investigador, esto hace que las células tumorales sean mucho más sensibles a la acción de estos compuestos: "Los cannabinoides afectan más a las células inmaduras que a las células maduras. Como el tumor más agresivo está compuesto por células menos diferenciadas, termina siendo mucho más sensible a estos compuestos que los tejidos normales".

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Uno de los hallazgos más importantes fue que varios de estos compuestos tendrían la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro.  Foto: un cultivo primario de tumor derivado de un paciente de un hospital de Bogotá, células de referencia. Crédito: Cortesía.

No solo atacarían el tumor

La investigación también identificó que el 67 por ciento de las muestras analizadas expresaban la proteína PINK1, un biomarcador que podría convertirse en un blanco terapéutico para atacar el tumor sin afectar el tejido sano. 

Adicionalmente, encontró que estos compuestos podrían ayudar a aliviar varios síntomas asociados con la enfermedad: "Los cannabinoides presentan efectos antiinflamatorios, antioxidantes, neuroprotectores y antiepilépticos", explicó el investigador que esto ayudaría a llevar la enfermedad de mejor manera.

Este último aspecto resulta especialmente relevante porque entre el 30 por ciento y el 50 por ciento de los pacientes con glioblastoma desarrollan crisis epilépticas debido a la ubicación del tumor.

Otro hallazgo importante fue que la mayoría de los cannabinoides analizados, así como la piperina y el beta-cariofileno presentes en la pimienta negra, tendrían una alta probabilidad de atravesar la barrera hematoencefálica, una estructura que normalmente dificulta el ingreso de medicamentos al cerebro.

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El glioblastoma multiforme es el tumor cerebral primario más agresivo y su supervivencia a cinco años es inferior al 5 por ciento, lo que impulsa la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas. Foto:  células de glioblastoma humano en crecimiento bajo microscopio óptico. Crédito: Cortesía.

Una terapia complementaria, no una cura

Por otro lado, Turizo insistió en que los resultados no significan que el cannabis sea una cura contra el cáncer ni que los pacientes deban consumirlo por iniciativa propia.

"Esto no es una cura mágica ni milagrosa. Es una posible alternativa que puede solucionar algunas situaciones y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de los pacientes. Todo depende del estadio de la enfermedad y requiere investigación clínica antes de convertirse en un tratamiento", afirmó el experto.

El investigador explicó que el objetivo es desarrollar una terapia coadyuvante, es decir, un tratamiento que complemente la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia.

"Las terapias coadyuvantes buscan mejorar la eficacia del tratamiento convencional, disminuir los efectos adversos o ambas cosas al mismo tiempo", explicó Turizo.

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Además de su posible efecto sobre el tumor, los compuestos analizados podrían ayudar a disminuir algunos síntomas y efectos secundarios asociados al glioblastoma. Crédito: Magnific.

Incluso recordó que algunos derivados del cannabis ya se utilizan en pacientes con cáncer para controlar las náuseas y los vómitos provocados por la quimioterapia. Gracias a esto el siguiente paso ya está en marcha. Después de los resultados obtenidos en laboratorio, el equipo ya comenzó una nueva fase de investigación.

Actualmente coordina un estudio clínico sobre el biomarcador PINK1 en cinco hospitales colombianos, con el objetivo de reclutar entre 50 y 60 pacientes y hacer seguimiento a la supervivencia y progresión de la enfermedad hasta 2028. Hasta el momento ya han sido incluidos cerca de 20 pacientes, mientras el grupo busca financiación para continuar el proyecto.

Paralelamente, también trabaja en la formulación de un ensayo clínico que permita evaluar uno de estos cannabinoides como tratamiento complementario para pacientes con glioblastoma, aunque todavía dependen de recursos económicos y alianzas institucionales.

¿Cuándo podría convertirse en un medicamento?

Aunque el camino aún es largo, Turizo consideró que el panorama internacional permite ser optimistas. Actualmente existen estudios clínicos de fase dos en países como Reino Unido y Estados Unidos que evalúan otros cannabinoides en pacientes con glioblastoma, mientras que medicamentos derivados del cannabis ya hacen parte del manejo de algunos síntomas asociados al cáncer.

"Yo creería que en los próximos diez años, ojalá menos, podríamos tener un medicamento coadyuvante para glioblastoma. Ya hay estudios clínicos avanzados y es cuestión de tiempo seguir generando la evidencia científica necesaria", afirmó Turizo.

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El equipo investigador adelanta nuevas fases de estudio para evaluar la seguridad y eficacia de estos compuestos antes de que puedan llegar a pacientes. Crédito: Magnific.

Sin embargo, el investigador enfatizó que alcanzar ese objetivo dependerá del fortalecimiento de la investigación en Colombia: "Los siguientes pasos son fortalecer la divulgación científica y construir colaboraciones entre universidades, hospitales, centros de investigación e incluso la industria para completar toda la cadena de investigación. Se necesita mucha más inversión, especialmente para desarrollar estudios clínicos, que son la etapa más costosa".

De confirmarse estos resultados en futuros ensayos clínicos, los compuestos derivados del cannabis y de la pimienta negra podrían convertirse en una herramienta para complementar los tratamientos actuales, disminuir algunos de sus efectos secundarios y ofrecer una mejor calidad de vida a quienes enfrentan uno de los cánceres cerebrales más agresivos.

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