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La idea de “estar bien” parece haberse desvinculado de las condiciones reales de vida, como si la resiliencia fuera una obligación personal y no un proceso que requiere soporte social. | Foto: Maginific
Salud y bienestar

Colombia y su nuevo espejo emocional: lo que refleja la nueva Encuesta Nacional de Salud Mental

La Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 revela un país atravesado por la ansiedad, la soledad, la discriminación y las desigualdades. Análisis sobre los retos que enfrenta Colombia.

Por: Jose A Posada Villa

Colombia acaba de enfrentarse al espejo emocional más amplio y profundo que ha construido en su historia reciente. La Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 (ENSM 2025), con más de 120.000 entrevistas en todo el territorio, no es una simple actualización estadística: es un examen nacional de conciencia. Sus resultados revelan un país que se declara bien, pero vive rodeado de ansiedad, soledad, discriminación y presiones estructurales que deterioran su bienestar. La encuesta no es un documento técnico más; es un diagnóstico político que exige decisiones inmediatas y que redefine el mapa emocional de la nación.

El primer hallazgo es tan revelador como inquietante. Aunque el 90 % de los encuestados afirma tener buena salud mental, solo el 67 % se declara satisfecho con su vida. Esta brecha no es un detalle metodológico: es la evidencia de que Colombia ha normalizado el malestar. La idea de “estar bien” parece haberse desvinculado de las condiciones reales de vida, como si la resiliencia fuera una obligación personal y no un proceso que requiere soporte social. La ENSM 2025 confirma que quienes cuentan con redes de apoyo sólidas reportan mayor satisfacción vital. En Colombia, tener vínculos protectores es un privilegio, no una garantía universal. La salud mental sigue siendo profundamente comunitaria, pero el país insiste en tratarla como un asunto individual.

La discriminación es otro espejo que el país ha evitado mirar de frente. La encuesta muestra un aumento significativo en su percepción, especialmente entre adolescentes, donde el reporte prácticamente se duplicó frente a 2015. Las mujeres, las personas LGBTIQ+, los migrantes y las víctimas del conflicto armado son quienes más la sufren, principalmente por razones socioeconómicas, discapacidad, origen étnico o situación migratoria. La discriminación no es un incidente aislado: es un determinante de salud mental que incrementa el estrés, deteriora el bienestar y aumenta el riesgo de trastornos. Colombia está fallando en proteger a quienes más necesitan protección, y esa falla no es coyuntural: es estructural, persistente y profundamente injusta.

El envejecimiento tampoco escapa a la desigualdad. Solo un tercio de los adultos mayores considera que está envejeciendo de manera exitosa. Esta percepción es más frecuente entre quienes tienen mayor nivel educativo y mejores condiciones socioeconómicas. En un país profundamente desigual, envejecer bien es un privilegio. La vejez amplifica vulnerabilidades que el Estado no ha querido asumir, y la ENSM 2025 lo deja claro: el bienestar en la última etapa de la vida depende tanto de las oportunidades sociales como de las condiciones individuales. La política pública sigue sin reconocer que la salud mental de las personas mayores es un indicador de justicia social.

La encuesta también dedica un capítulo completo a factores que deterioran el bienestar sin constituir un trastorno mental. Los resultados son contundentes y revelan riesgos que el país sigue tratando como asuntos menores. Cuatro de cada diez colombianos reportan afectación emocional por la crisis climática, los cambios ambientales o la contaminación. Más de una quinta parte siente deterioro por la vida digital y las nuevas formas de trabajar, estudiar y relacionarse. Y un 6 % experimenta estrés grave por la situación económica, muy por encima de causas como la salud propia o la de familiares. Estos factores no se resuelven con psicoterapia individual. Exigen políticas públicas intersectoriales, regulación tecnológica, protección ambiental y estrategias económicas que reduzcan la precariedad. Sin embargo, Colombia sigue actuando como si la salud mental fuera un asunto privado.

La soledad es otro síntoma de un país que se fragmenta. El 16 % de los colombianos mayores de 12 años la experimenta, con prevalencias más altas entre mujeres, personas separadas o viudas, población LGBTIQ+, migrantes y víctimas del conflicto armado. En la región Pacífica, la cifra supera el 20 %. La Organización Mundial de la Salud ya reconoce la soledad como un riesgo para la salud pública, pero Colombia no ha desarrollado políticas para enfrentarla. Ignorarla es una forma de negligencia institucional: la soledad predice depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y mortalidad. La ENSM 2025 demuestra que la soledad es un fenómeno social, no un problema individual, y que requiere respuestas colectivas.

El acoso tampoco es marginal. Más del 5 % de los adultos lo ha sufrido alguna vez, con cifras mucho más altas entre personas LGBTIQ+, migrantes y víctimas del conflicto armado. A esto se suma el sistema de cuidado informal que sostiene al país sin reconocimiento ni protección. El 5 % de los colombianos cuida a alguien enfermo o con discapacidad, y más de la mitad presenta sobrecarga del cuidador. En Bogotá, la cifra supera el 60 %. Colombia descansa sobre cuidadores exhaustos y desprotegidos, una realidad que la política pública sigue ignorando. La ENSM 2025 revela que el país tiene una deuda histórica con quienes sostienen silenciosamente la vida cotidiana.

Los trastornos mentales aparecen temprano y afectan de manera desigual. La hiperactividad en niños alcanza el 10 %, los trastornos emocionales en adolescentes superan el 10 %, y casi un tercio de los menores ha estado expuesto a trauma. En adultos, el 8 % ha tenido algún trastorno mental en la vida, con prevalencias mayores en mujeres. Los trastornos más frecuentes son los del estado de ánimo, la ansiedad y el estrés postraumático. Lo más inquietante es el aumento reciente: la depresión en los últimos 30 días casi se triplicó, la ansiedad generalizada aumentó cuatro veces y el porcentaje de personas diagnosticadas por un profesional se duplicó frente a 2015.

Colombia es hoy un país más ansioso, más deprimido y más expuesto a riesgos psicosociales. Y aun así, la salud mental sigue siendo tratada como un asunto menor, como si los datos no fueran suficientes para mover la agenda pública. La ENSM 2025 revela que la salud mental en Colombia está atravesada por desigualdades, violencias, crisis ambientales, transformaciones tecnológicas y precariedad económica. No es solo un diagnóstico clínico: es un llamado político. La pregunta es simple y contundente: ¿qué va a hacer Colombia con esta evidencia? Si la encuesta termina archivada, convertida en un PDF más, el país no solo habrá fallado en política pública: habrá fallado en humanidad.

Nota: datos tomados de la presentación oficial de la ENSM 2025 realizada por el Ministerio de Salud y Protección Social en el Hotel Tequendama de Bogotá, el 24 de octubre de 2026, en espera de la publicación del documento técnico.

 

* José A. PosadaVilla es médico Psiquiatra Director, Observatorio de Salud Mental Positiva ICSN Clínica Montserrat – Hospital Universitario

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