
Profamilia, 60 años de historia en derechos sexuales y reproductivos
Marta Royo, directora ejecutiva de la organización, habla sobre los retos actuales y futuros de los derechos sexuales y reproductivos en el país: la brecha entre la norma y la realidad, los nuevos debates alrededor de la natalidad y diversidad y el avance de la ola conservadora en el mundo.
CAMBIO: Colombia ha logrado grandes avances en materia de Derechos Sexuales y Reproductivos. ¿Cuál es el riesgo de pensar que la tarea ya está totalmente hecha?
Marta Royo: El riesgo es quedarnos con la idea de que porque tenemos una normativa avanzada ya no hay nada más que hacer. Sí, Colombia cuenta con un marco progresista, referente en la región y el mundo, pero la brecha entre lo que dicen esas normas y lo que viven las personas en su día a día sigue siendo enorme. Hay mujeres que aún no logran acceder a anticonceptivos en sus territorios; adolescentes que enfrentan embarazos no planeados por falta de Educación Integral para la Sexualidad; índices de violencia sexual y abuso infantil; personas que buscan interrumpir un embarazo dentro de los marcos legales y se encuentran con barreras institucionales y el peso del estigma. Los derechos sexuales y reproductivos no se garantizan solos: requieren presencia, recursos, educación y una importante voluntad política. La tarea se renueva, hay que seguir trabajando para conseguir una verdadera equidad en las condiciones de vida de las personas.

CAMBIO: Hace 60 años el debate estaba alrededor de la anticoncepción y recientemente sobre el aborto. ¿Cuáles son los nuevos retos?
M.R.: Hemos avanzado mucho. Sin embargo, esos debates no están superados del todo. Todavía hay sectores que siguen atacando la anticoncepción y desinformando sobre sus beneficios, cuando en realidad ha sido una herramienta clave para la autonomía reproductiva de millones de personas. Y aunque hoy las mujeres y personas gestantes tienen más garantías que nunca para acceder al aborto legal y seguro, el estigma y las barreras persisten. Muchas personas siguen siendo señaladas, juzgadas y violentadas por acceder a un servicio de salud esencial como el aborto.
A esto se suman nuevos retos. Uno de ellos es el discurso reciente que busca culpar a los avances en salud sexual y reproductiva de la baja natalidad. Esa narrativa es peligrosa porque pretende convertir a las mujeres en responsables de un fenómeno social complejo y, en la práctica, limitar su autonomía. El otro frente que debemos revisar es la ofensiva contra la diversidad sexual y de género. Vemos intentos de invisibilizar e incluso borrar la existencia de la población LGBTIQ+, especialmente las personas trans y no binarias, lo que pone en riesgo el bienestar, la salud, la vida y libertades que nunca deberían estar en discusión.
CAMBIO: ¿Por qué el descenso en la natalidad se ha acelerado en los últimos años en Colombia?
M.R.: El descenso en la natalidad es un fenómeno complejo que responde a múltiples factores. En Colombia y en el mundo, las personas enfrentan altos costos de vida, incertidumbre económica, precariedad laboral, falta de acceso a vivienda, a servicios de salud, educación y a sistemas de cuidado adecuados. Estos contextos, sumados a la crisis climática y a la inestabilidad política y social, hacen que muchas familias posterguen su decisión de tener hijos.
Pero también hay un cambio de fondo: la sociedad ha cambiado. Hoy, la maternidad ya no se entiende como el único camino de realización personal y la idea tradicional de familia dejó de ser la única forma válida de proyecto vital. Los hombres también han empezado a cuestionar y deconstruir los mandatos de la masculinidad que les obligaba a asumir el rol de la paternidad y el sustento. Y eso es un avance, elegir es un avance. Entonces, si miramos países europeos, por ejemplo, donde la calidad de vida está más garantizada, el descenso en la natalidad también es evidente, lo que demuestra que no se trata únicamente de precariedad, sino de transformaciones culturales y de expectativas frente al futuro.

CAMBIO: Los anticonceptivos no son los responsables…
M.R.: De ninguna manera. Recientemente hemos visto cómo algunos medios de comunicación, las redes sociales e incluso sectores políticos y sociales, intentan explicar la baja en la natalidad desde una perspectiva superficial, como un supuesto rechazo a la maternidad y la paternidad, producto de los avances en materia de educación sexual y de derechos sexuales y reproductivos.
Reitero, esto, además de incorrecto, es peligroso. Ante este panorama, no podemos permitir que se limite o afecte lo que hemos ganado en autonomía reproductiva, ni mucho menos sugerir que las mujeres deban tener más hijos “porque sí”. El verdadero desafío no es culpar a la autonomía reproductiva, sino repensar la sociedad para que se sienta y se viva como un lugar en el que las personas que lo deseen no teman tener hijos, donde decidan con libertad y confianza sobre su futuro. Eso implica políticas de cuidado, oportunidades laborales estables, equidad de género y condiciones reales de bienestar.
CAMBIO: En estos tiempos vemos una ola de discursos conservadores en la región. ¿Cómo se enfrenta Profamilia a esa contraofensiva?
M.R.: Con tres claves: defender lo conquistado, educar y resistir. Defender lo conquistado parte de la premisa de que cuando se trata de Derechos Humanos lo único que debe existir es el avance, nunca el retroceso. Educar e informar significa poner evidencia sobre la mesa, educar con empatía, desmentir mitos y garantizar que la gente sepa cuáles son sus derechos y cómo ejercerlos. Y resistir, no dejarnos intimidar por intenciones que buscan retroceder el reloj de la historia. Lo que está en juego no es un conflicto meramente ideológico: son vidas, son libertades y es la dignidad de millones de personas.

CAMBIO: 60 años no se cumplen todos los días: ¿Qué hitos que han marcado la historia de Profamilia?
M.R.: Esta es una pregunta muy difícil, porque hablar de momentos históricos de Profamilia es, en realidad, hablar de la historia misma de los Derechos Sexuales y Reproductivos en Colombia. Profamilia ha sido y sigue siendo el gran catalizador de los avances en esta materia en el país. No ha habido un solo debate sobre estos derechos donde nuestra organización no haya estado presente, empujando, incomodando, proponiendo, garantizando.
Pero si tuviera que destacar algunos hitos, mencionaría que fuimos quienes trajimos al país la primera ligadura de trompas y la primera vasectomía, abriendo caminos en planificación familiar cuando ni siquiera se hablaba del tema. También hicimos la primera cuña radial sobre anticoncepción en toda América Latina. Fuimos pioneros en traer la anticoncepción de emergencia, una herramienta clave para la autonomía de las mujeres.
Más adelante, lideramos la formulación de la Política Nacional de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, un marco esencial para el país. Y en años recientes, tuvimos un rol clave en la despenalización del aborto y en la eliminación del matrimonio infantil en Colombia. También hemos dado grandes debates, tanto en Colombia como en escenarios internacionales para buscar que poblaciones como las personas con discapacidad, las personas sexualmente diversas, entre otras, puedan vivir plenamente su sexualidad.
CAMBIO: Son más de seis décadas transformando realidades, derribando estigmas y garantizando que los derechos sexuales y reproductivos sean eso: derechos, no privilegios. ¿Cómo quiere que recuerden a Profamilia?
M.R.: Como una organización que se atrevió a incomodar cuando nadie hablaba de estos temas, y que nunca se detuvo pese a las resistencias. Queremos que nos recuerden como la institución que abrió caminos para que millones de personas pudieran decidir libremente sobre su vida sexual y reproductiva, y que lo hizo con evidencia, con empatía y con convicción. Más que un actor en la historia, Profamilia ha sido un motor de cambio cultural en Colombia. Si dentro de unos años dicen que fuimos y somos la organización que defendió la autonomía y la dignidad de cada persona, habremos cumplido nuestra misión. Colombia no sería la misma sin Profamilia.
*Contenido elaborado con el apoyo de Profamilia.
Lea los comentarios











