
‘Adolescencia’, de Netflix, una radiografía de la violencia cotidiana más allá de las redes sociales
La escritora y profesora universitaria María Mercedes Andrade analiza la serie ‘Adolescencia’ y le encuentra aciertos que van más allá de una simple denuncia del uso que le dan los jóvenes a las redes sociales. Muestra también una serie de violencias sutiles y no tan sutiles que permean a toda la sociedad.
Hace poco terminé de ver en Netflix la serie Adolescencia, que ha causado tanto interés últimamente. He leído ya comentarios que alaban aspectos técnicos de la serie, tales como el rodaje de cada episodio en un plano-secuencia que genera en el espectador una angustia que no cede. También sobre las habilidades de Owen Cooper, el joven actor, quien, sorprendentemente, está haciendo su debut. Y por supuesto, circulan muchos comentarios sobre el tema del uso que hacen los jóvenes de las redes sociales, el significado 'secreto' de los emojis que se mandan, el desconocimiento de los padres sobre el contenido que consumen sus hijos y cómo este puede llegar a afectarlos. Sin duda es cierto que los padres desconocemos mucho de lo que ven nuestros hijos adolescentes en redes y es cierto que es prácticamente imposible controlarlo. Claro que es preocupante que la tecnología que los muchachos llevan en sus bolsillos ponga a su alcance un universo entero de información falsa y contenidos violentos.
Adolescencia no es solo una crítica a la exposición de los jóvenes a las redes sociales, sino a la cultura de violencia en la que participamos todos, y en la que perdemos todos, de diferentes maneras.
Sin embargo, creo que la serie señala algo más. Con un estilo que recuerda vagamente al realismo social británico de directores como Ken Loach o Mike Leigh, los guionistas Jack Thorne y Stephen Graham plantean una crítica social, un poco más difusa, menos política y tal vez menos maniquea. La serie no establece una relación unívoca de causa-efecto entre el consumo de redes sociales y la violencia, de manera que como espectadores podamos quedar tranquilos al identificarlas como culpables, lo cual me parece un acierto. Adolescencia se centra, además, en un caso estadísticamente excepcional (un niño de 13 años, un crimen específico) que, sin embargo, apunta a una situación social más amplia, relevante más allá del retrato de un contexto local.
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