
'Ficciones de barro'. ¿qué es lo falso y qué lo verdadero?
La artista visual Rosario López presenta en la galería NC-Arte el proyecto Ficciones de barro, en colaboración con mujeres alfareras de la comunidad Cubay Jëjënava del Vaupés.
Por: Eduardo Arias
¿Qué tan falso es lo falso y tan verdadero lo verdadero? ¿La falsificación de lo falso da como resultado un objeto verdadero?
Preguntas como esas son las que intenta responder Ficciones de barro que se exhibe en la galería NC de Bogotá y parte de la colección de cerámicas que fabricó a finales del siglo XIX y comienzos del XX la familia Alzate, que se especializó en fabricar piezas cerámicas que hacían pasar por precolombinas y que adquirieron muchos museos y colecciones de Europa. A partir de ellas la artista visual Rosario López elaboró una serie de esculturas en colaboración con la comunidad Cubay Jëjënava del Vaupés, que luego entrelazó con los falsos originales de la colección Alzate.
No es la primera vez que Rosario López trabaja a partir de la antropología, la arqueología y la etnografía. Su interés por lo precolombino se inició en 2019 tras una visita a la Serranía de la Lindosa. “Al ver los pictogramas me interesaron muchísimo esas trazas de motivos abstractos, o sea la línea, el triángulo, la serpiente, la culebra, el río. De alguna manera trato de interpretarlo y de traerlo al presente. Pero lo que he venido descubriendo es que esos signos pueden llegar a tener muchísimas interpretaciones no solamente para las comunidades que lo realizaron y que siguen realizándolas, sino para nosotros desde nuestra lectura de la iconografía occidental”, dice Rosario López. “Para mí ha sido una gran experiencia desde la geometría, desde la abstracción, desde esa síntesis que también se conecta con el paisaje y con una materialidad”.
Al conocer la existencia de la colección Alzate, que se encuentra en el Museo de Antropología de la Universidad de Antioquia, ella empezó a estudiarlas, reconocerlas y fotografiarlas. “Me fascinaron por ese ingenio y por esos gestos que cada una de ellas eh tiene. Es una colección que suma más de 1.100 ejemplares que tienen superbién cuidados, y almacenados”. A partir de esa colección empezó a estudiar sus orígenes y la manera como se develó que no eran objetos precolombinos.
Lo que más le llamó la atención de la colección Alzate fue ver cómo lograron engañar a una gran cantidad de arqueólogos y antropólogos extranjeros a los que convencieron de adquirir las piezas para llevarlas a colecciones en el exterior. También le atrajo la manera como los Alzate copiaron todas las influencias de las culturas prehispánicas. “Al ser guaqueros también conocían de primera mano cómo eran las trazas y las incisiones de estos artefactos cerámicos y el gesto de las figuras femeninas, de las figuras antropomorfas y zoomorfas. Y otro detalle que a mí me fascina es que Julián Alzate, el padre de esta familia, era taxidermista. Entonces también era experto en la morfología animal”. También le atrajo que la técnica del bruñido y del quemado en horno de leña de los Alzate es el mismo que emplean hoy en día las mujeres artesanas del Vaupés con las que ella ya había trabajado.
Las técnicas que desarrolló para elaborar las piezas fueron muchas. Primero fue la documentación y el registro fotográfico de los “falsos originales”, hacer un estudio en escáneres en tres dimensiones (3D) para llevar a Bogotá toda esta información y poder compartirlas con las mujeres artesanas de la comunidad Cubay Jëjënava.

Luego, a través de la de la memoria fotográfica, analizar detalladamente los trazos y las líneas inscritas en cada una de estas figuras. Posteriormente viajó al Vaupés para llevarle a las mujeres alfareras las fotografías de las piezas de la colección Alzate y prototipos en tela para que comenzaran a desplegar su imaginación y experimentar a partir de esos modelos.
Ella había trabajado por primera vez con la comunidad Cubay Jëjënava en 2023. Para esta este nuevo trabajo de campo, realizado en 2024, profundizó mucho más con ellas en la técnica. Recuerda que durante el tiempo que estuvieron en el taller de la comunidad el payé (máxima autoridad espiritual y médico tradicional) iba contando en su lengua las historias de cuando él cazaba tigrillo, cuando él también reconocía estas figuras en su contexto más próximo. “Para ellas era muy divertido hacer figuras. Ellas siempre hacen objetos utilitarios, cuencos o bateas. Hacer la figura de un jaguar o de una persona, de una mujer sentada, era todo un reto. Entonces, les parecía fascinante adentrarse en este nuevo imaginario de figuras”.
Reflexionar sobre el original y la copia, sobre lo falso y lo verdadero
Desde el principio Rosario López pensaba: “Si algo es falso y hacemos otra apuesta falsa, lo negativo y lo negativo, lo falso y lo falso terminan siendo positivo y verdadero”. A partir de lo anterior ella decidió darle un nuevo giro tanto a las piezas de la colección Alzate como a las esculturas que realizó junto con las mujeres de la comunidad Cubay Jëjënava. Les agregó piezas textiles realizadas en fieltro. “El fieltro me sitúa a mí en una contexto andino, muy frío, que expresa el deseo de cobijar, de abrazar, de arropar a estas figuras que vienen de las tierras calientes, de las tierras bajas de la Amazonía colombiana”.

Al respecto, Elías Doria, curador de la exposición, considera que las alfareras de la comunidad Cubay Jëjënava filtran y se reapropian de los imaginarios de los Alzate en pleno siglo XXI. “Estos anacronismos, en el mejor sentido del término, ponen en valor la importancia del oficio en tiempos en que puntos de vista del arte contemporáneo se quieren desligar del oficio. “Yo pienso que este proyecto es bastante conciliador en la medida en que tiene un subtexto conceptual muy fuerte, pero que al mismo tiempo reivindica la praxis material, en este caso, de la cerámica y el textil”.

Elías Doria es antropólogo de formación. Rosario López lo invitó el año pasado a iniciar una serie de conversaciones en las que vieron que tenían puntos en común como el interés por los oficios y el papel que ha jugado América Latina en el desarrollo del arte abstracto desde épocas muy lejanas. También, como antropólogo, el ejercicio de etno-ficción desarrollada por los Alzate quienes, dice él, “fueron durante muchos años una vergüenza para la arqueología más canónica y ortodoxa”. También se interesó en lo que podría llamarse la apropiación de esa apropiación por parte de la artista y la comunidad Cubay Jëjënava, “Todas las capas que se cruzan en este trabajo convergen en muchas de las preguntas que he adelantado desde mi ejercicio curatorial”.
¿Falsificadores o artistas plásticos?
Enfatiza Doria en que los Alzate no eran falsificadores. Ellos no copiaban piezas de alguna cultura precolombina en particular sino que “realizaron un ejercicio de especulación y de imaginación. La maestría técnica de estas piezas las hace importantes para la historia de la alfarería en Colombia”. Doria agrega que Ficciones de barro cuestiona la idea de pureza de la imagen, de estos juegos de falso y verdadero presuntamente relacionados con el engaño.
Agrega que, en su opinión, los Alzate fueron la primera manifestación de arte conceptual en Colombia desde el juego del engaño y de la confusión. “La colección Alzate es muy importante para entender cómo se pensaba el patrimonio prehispánico a finales del siglo XIX y principios del XX. Cómo una familia de antioqueños mestizos interpreta ese pasado indígena. En este juego del engaño hay un conocimiento técnico. Esta gente se dedicó a analizar, a estudiar las incisiones, las técnicas de alfarería prehispánicas y, a partir de allí, especular, inventar otra cosa y plantearlas como verdaderas”.
Rosario López – Comunidad alfarera Cubay Jëjënava
Ficciones de barro
Galería NC-Arte
Carrera 5 No. 26A-70
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