
¿90 años de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia? ¡Son muchos más!
Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia. Foto: Colprensa
La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia celebra en estos días 90 años de existencia. El músico e investigador David Feferbaum se pregunta qué tan exacto es ese festejo.
Por: David Feferbaum
No se trata de purismo per se. Se trata de aplicar algo de rigor a los criterios que orientan las celebraciones y onomásticos, dado que a menudo tendemos a modificar datos históricos, ya sea por alguna idea personal o por simple desconocimiento.
Este año, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (OSNC) ha enmarcado sus actividades en el tema de cumplir 90 años y promovido, como parte de esta celebración, el concierto del pasado 21 de agosto, en cuyo programa aparece una “Fotografía Orquesta 1935”.
El gran despliegue que la prensa ha dado a esta celebración reproduce información y entrevistas que destacan su importancia, pero replicando —de paso— errores significativos que confirman aquello de que una mentira repetida muchas veces se vuelve verdad…
¿Serán en realidad 90 años? Veamos.
El proceso de creación de la OSNC se origina en el documento CONPES 3208 del 18 de diciembre de 2002, que fija los criterios para sustituir el modelo, netamente público, de la antigua OSC, Orquesta Sinfónica de Colombia* por una nueva entidad de naturaleza mixta y sin ánimo de lucro: la Asociación Nacional de Música Sinfónica (transformada hoy en ANA, Asociación Nacional de las Artes). Esta entidad, de carácter privado y participación pública, que es constituida por acta formal el 4 de febrero de 2003, da vida oficial a la nueva agrupación –Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia OSNC– que ofrece sus primeros conciertos bajo el esquema de una dirección colegiada.

Según esto, la OSNC estaría cumpliendo solo 23 años y con una planta renovada, ya que la mayoría de los músicos de la antigua OSC no quedaron vinculados a la nueva.
Sin embargo, como veremos, tampoco son sólo 90 años. La OSC fue creada el 24 de noviembre de 1952, por decreto 2916, como entidad adscrita al Ministerio de Educación y luego a la Subdirección de Bellas Artes de Colcultura, entidad que se establece en 1968. Es decir, vivió 50 años antes de desaparecer y de que naciera la OSNC.

El 17 de agosto de 1936, Gustavo Santos Montejo (1894-1967), primer director de la Dirección Nacional de Bellas Artes de Colombia, crea la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) bajo la dirección del renombrado músico Guillermo Espinosa, quien ejerce hasta 1947, cuando se retira luego del Tercer Festival de Música de Cartagena de Indias y es reemplazado por el joven pianista Jaime León, a quien un año después sucede el maestro Gerhard Rothstein que lo hace hasta 1952 cuando se crea, como dijimos, la OSC.
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Hasta aquí, a trochas y a mochas, van dando 90. Pero no es claro por qué las autoridades culturales, léase ANA, suman los años de la OSN, los de la OSC y los de la OSNC, sin tener en cuenta que, a su vez, la OSN también proviene de otra organización orquestal.
Guillermo Uribe Holguín, nuestro admirado compositor, director, violinista, pedagogo y escritor, creó en 1910 la Orquesta de la Academia Nacional de Música (OANM) que, en 1920 y bajo su dirección, se transformó en la Sociedad de Conciertos Sinfónicos del Conservatorio (SCSC), activa hasta su transformación en la OSN por Santos Montejo.

Al ordenar en una tabla los datos recopilados, vemos que la OSNC debería estar celebrando o 23 años de existencia — por ser, básicamente, una entidad nueva con casi también totalidad de nuevos integrantes— o 116. Pero, por ningún lado, cuadran 90.
Director principal**
Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (OSNC) 2003 Dirección colegiada
Orquesta Sinfónica de Colombia (OSC) 1952 - 2002 Olav Roots 1952-1975
Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) 1936 - 1952 Guillermo Espinosa
Sociedad de Conciertos Sinfónicos del Conservatorio (SCSC) 1920 - 1935 Guillermo Uribe Holguín
Orquesta de la Academia Nacional de Música (OANM) 1910 - 1920 Guillermo Uribe Holguín
Otra opción es ampliar el rango hasta 1848, cuando Joaquín Guarín (1825-1854) funda la Sociedad Lírica que, en su primer aniversario, interpretó la Misa imperial de Haydn. La presencia orquestal continúa, ocasionalmente, con la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia (1868) y en 1886, con la Academia Nacional de Música (ANM), creada por Jorge W. Price, volvieron los conciertos regulares con docentes del claustro.
Por tanto, remontándonos a 1886 y teniendo en cuenta la eventual actividad orquestal de la ANM, previa a su formalización por Uribe Holguín en 1910, los nobles años que cumple la OSNC podrían ser 140 o 116 si partimos de la primera orquesta, estructurada en 1910. Pero, de ninguna manera 90.

Vale recordar que, salvo en el paso de la OSC a la OSNC, la mayoría de orquestas sustitutas contaron casi con el total de músicos de la anterior. En 1962, al celebrar su primera década, la OSC honró a los músicos con más de 25 años en sus atriles. Otro caso es el del cellista Gregorio Silva (1879–1960) quien, en la inauguración de la OANM, diciembre 4 de 1910, tocó el Allegro-passionato para cello y orquesta de Saint-Saëns, y fue miembro tanto de esta como de la SCSC, la OSN y la OSC.
El objetivo fundamental de una orquesta, cualquiera sea su nombre, es consolidarse mediante una programación coherente y un impacto sustancial en el público. En este sentido, ante la falta de un sólido apoyo administrativo, salvo contados periodos, puede decirse que desde 1968 — cuando se crea Colcultura— hasta hoy, este no ha sido el caso. Desde el poeta Jorge Rojas, primer director de Colcultura, quien decía no entender la necesidad de tener una orquesta, o aquel subdirector de Bellas Artes que cuestionaba el pago total de honorarios a un solista que había tocado el Concierto para la mano izquierda de Ravel, hasta hoy, cuando no se le renueva contrato a su director, reconocido por músicos y público como uno de los mejores que ha tenido la orquesta en sus 23 años de actividad, han primado criterios y objetivos lejanos a su fortalecimiento y proyección.

Y al hablar de celebración, se esperaría reconocimiento a Guillermo Uribe Holguín, a Guillermo Espinosa y Olav Roots, sus más importantes directores, o a otros tan relevantes como Gerhard Rothstein, Jaime León y Luis Biava. Inexplicable también que ni Alejandro Posada ni Eduardo Carrizosa, miembros originales de la dirección colegiada de la OSNC y también parte de la OSC, no hubieran sido llamados al podio en el evento.
Imposible concebir una celebración de esta índole sin obras de Uribe Holguín, sin duda el más grande compositor colombiano del siglo XX, reflejado en obras como 300 trozos en el sentimiento popular, 11 sinfonías, 18 piezas sinfónicas, cinco conciertos para instrumento solista y orquesta, su Réquiem, su ópera Furatena, sus composiciones de carácter religioso y para variados instrumentos, a las que se agregan su libro Vida de un músico colombiano y su Curso de armonía.
Se extraña también un mínimo recordatorio de Guillermo Espinosa, sus incomparables Conciertos Infantiles, su gestión para realizar en Bogotá el IV Congreso Iberoamericano de Música en 1938, su creación del Festival de Música de Cartagena (1945), con la sucesiva participación de la OSN —cuando viajar con la orquesta no era fácil— o su desempeño como director de la División de Música de la Unión Panamericana, por todo lo cual Aurelio de la Vega anotó: “La historia de la música culta en América Latina en el siglo XX no sería la misma sin la rebelde figura de Guillermo Espinosa (1905-1990)” (***).
Y ni hablar de honrar al maestro Olav Roots (1910-1974), quizás el músico de mayor nivel y aporte a la música erudita del país. Nacido en Estonia, Roots dominaba el piano, a más de ser profundo compositor y un director incomparable. Alumno de dirección y composición de Nicolai Malco (1883-1961) —un discípulo de Rimsky-Korsakov, Glazunov y Liadov, entre otros— y de Felix von Weingartner (1863-1942) —un pupilo de Liszt—, Roots fue alumno de piano de Cortot y condiscípulo de Dinu Lippatti.

Recordemos que entre sus mayores logros frente a la OSC (1952-1974) se cuentan el estreno de 137 obras de compositores colombianos, en 355 presentaciones, la invitación a artistas nacionales —entre ellos 47 pianistas, 130 intérpretes de otros instrumentos, cantantes y directores—, la creación de la Coral Bach y su labor didáctica. Entre 1974 y 2026, más del doble del tiempo en que fue su director, la orquesta apenas ha realizado una fracción de lo que él consolidó en los 22 años al frente de ella.
Uno se pregunta, entonces, si un concierto de celebración, descrito como “dividido en dos partes y recorre dos dimensiones de la historia artística de la Orquesta: una gala lírica con grandes escenas, arias y duetos de algunas de las obras más reconocidas de Wolfgang Amadeus Mozart, Jules Massenet, Charles Gounod y Georges Bizet, y una segunda parte con Fantasía sobre motivos colombianos, de Pedro Morales Pino; la Sinfonía #5, D. 485 en Si bemol mayor, de Franz Schubert; y la Rapsodia rumana # 1, op. 11 en La mayor, de George Enescu”, tiene algo que ver con la historia de la orquesta.

Y, como si fuera poco, al consultar la página https://sinfonica.com.co/programacion/# de la OSNC, la mayoría de conciertos del resto de año, incluyendo el del aniversario, no traen los programas, salvo los de la Novena de Beethoven y los del ballet Cascanueces.
Por ello, la declaración de la directora ejecutiva de la Asociación Nacional de las Artes (ANA), de que “queremos avanzar hacia un proyecto artístico que combine el gran repertorio sinfónico con la creación colombiana, que aproveche y desarrolle el enorme talento de nuestros propios músicos y que genere encargos, estrenos, grabaciones y nuevas relaciones con compositores y directores” no despierta mucho optimismo. En los últimos 52 años (****) muy poco se ha logrado frente a los anteriores, ya sea el impacto de los conciertos infantiles, la presencia en la televisión nacional, que por cierto no mencioné antes, o el apoyo a compositores e intérpretes colombianos.
Notas:
(*) Liquidada por el Decreto 3210 de diciembre 27/2002).
(**) Se destacan los directores titulares de mayor permanencia, cuya gestión permite una evaluación objetiva de resultados. No obstante, hay que mencionar además de los ya citados, los aportes en sus respectivos momentos del ilustre director y compositor Jaime León, el notable violinista Luis Biava y el recién fallecido Daniel Lipton.
(***) The history of 20th Latin American art music would not be the same without the maverick figure of Guillermo Espinosa.
(****) Curiosamente, en el balance de logros siempre se mencionan los premios Latin Grammy de 2014 junto a Fonseca y de 2023 con el Grupo Niche.
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