
Luis Fernando Peláez y esos recuerdos que todos compartimos: por William Ospina
'Del tiempo que pasa'
En este texto, el poeta y pensador colombiano hace una semblanza de Luis Fernando Peláez con motivo del lanzamiento de su libro de artista 'Del tiempo que pasa', que realizó en Taller Arte 2 Gráfico.
Por William Ospina
Hay que agradecer que en un mundo tiranizado por la evidencia, por la certeza y por la estridencia, un artista nos hable con el silencio, nos asalte con lo olvidado, con lo incierto y con lo inasible. En los tiempos que corren no puede haber mayor rebelión.
Parece imposible que cosas tan vagas produzcan sentimientos tan nítidos y emociones tan hondas; habría que decir que hay regiones del alma que solo se reconocen en lo impreciso, que solo se revelan en lo insinuado. Habría que hablar de sombras que iluminan, de silencios que gritan, de olvidos memorables. Verlaine dejó dicho que para la poesía no hay que buscar el color sino apenas el matiz; Borges hablaba del espíritu de una mujer “hecho a discriminar y ejercitado en la vacilación y en los matices”; Dante Gabriel Rossetti escribió: “Mira mi cara, mi nombre es pudo ser, también me llamo nunca más, demasiado tarde, adiós”.
Eso es lo que yo siento cuando miro la obra de Luis Fernando Peláez: estaciones de invierno, siluetas en los muelles, ventanas empañadas, puentes difusos en la bruma, trenes que ya no están, postes que son recuerdos, aguas tocadas de luz cuando la tierra ya está oscura, clavos oxidados como torres en la llanura, sombras que pueden ser ciudades, equipajes que perdieron a sus dueños, cristales que reflejan paisajes, rostros sin rasgos que se asoman a libros sin letras.
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