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Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, candidatos a la presidencia.
Elecciones Colombia 2026

Cinco miedos que aterran a los votantes de De la Espriella ante un triunfo de Cepeda, y viceversa

Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, candidatos a la presidencia.

Millones de colombianos se movilizarán este domingo no con la ilusión de que su candidato gane la Presidencia, sino para impedir que el adversario se alce con la victoria y conduzca al país hacia un destino que consideran trágico. ¿Cómo se llegó a este punto?

Por: Armando Neira

Las viejas crónicas de los corresponsales extranjeros se preguntaban por qué existía tanta pugnacidad entre los candidatos de las elecciones presidenciales de 1994 —Ernesto Samper y Andrés Pastrana—, cuando ambos habían estudiado en los mismos colegios y universidades, asistían a los mismos clubes sociales, vivían hasta en el mismo barrio del norte de Bogotá y, en esencia, compartían propuestas similares de país.

Las elecciones de este domingo, en cambio, enfrentan a dos hombres diametralmente opuestos. No solo difieren en sus vivencias de juventud, sus estilos de vida, su formación, su concepción de la ética, su relación con el dinero y su ideario político, sino también en la manera como entienden el ejercicio del poder.

De hecho, Iván Cepeda fue uno de los arquitectos políticos del Acuerdo de Paz de 2016 con las extintas Farc para facilitar el tránsito de esa organización de las armas a la vida civil. Abelardo de la Espriella, por su parte, comenzó a tener figuración pública cuando promovía el reconocimiento de estatus político para los miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Ese es el punto de partida de la tesis, ampliamente difundida por sus adversarios, de que uno tiene vasos comunicantes con la guerrilla y el otro con el paramilitarismo.

Con semejante narrativa, ambos aspirantes han despertado en las filas de sus seguidores unos temores nunca antes vistos, hasta el punto de que millones de colombianos acudirán a las urnas no con la ilusión de que su candidato gane la Presidencia, sino para impedir que el adversario se alce con la victoria y conduzca al país hacia un destino que consideran desastroso.

“Los colombianos se enfrentarán quizás a la elección más polarizada de cualquier democracia en el mundo en la historia reciente”, escribió recientemente The Economist.

“Muchos de los electores votarán por miedo o por rabia”, dice el analista Gabriel Cifuentes. “Son desafortunados consejeros que demuestran la falta de entusiasmo que generan estas elecciones, pero también son síntoma de algo peor: el profundo fraccionamiento y desgarro de una sociedad que ve en su oponente a un adversario que debe ser erradicado; a un enemigo que pone en peligro la existencia misma de la nación”.

 

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El candidato Abelardo de la Espriella.

 

Para Cifuentes, Colombia atraviesa una campaña que los propios candidatos han definido como de vida o muerte y que conduce por el camino de un maniqueísmo que reduce al mínimo cualquier espacio de diálogo y concertación.

Dicen que después de la fiesta viene el guayabo. Así las cosas, quien el lunes se despierte como presidente no solo tendrá que administrar múltiples crisis, sino también una nación fracturada. El próximo mandatario se sentará sobre un polvorín social que fácilmente puede conducir a una nueva etapa de violencia política en el país, advierte.

En términos neurológicos, los electores acudirán a las urnas gobernados por la amígdala —donde se alojan los miedos— y no por la corteza prefrontal, donde reside el pensamiento lógico, explica el experto en comunicación política Víctor Solano.

“Las grandes mayorías estarán dominadas por el miedo, por las narrativas que un bando instala en la mente de sus seguidores y que busca propagar al resto de las audiencias”, agrega. “Y si esto ocurre con intensidad en las ciudades, en la Colombia rural estas sensaciones se exacerban”.

Pero ¿por qué la campaña se desarrolló de esta manera? Los electores se movilizan por percepciones y sentimientos, no por razonamientos, afirma Gonzalo Araújo, de la firma Orza. “La política electoral y el marketing político buscan, en buena medida, apelar a los sentimientos más básicos de la población votante”, asegura.

Para él, en Colombia las elecciones llevan a los ciudadanos a salir a votar emberracados, con miedo, pero pocas veces con esperanza y con un sentido de construcción de nación.

“Eso divide cada vez más a los colombianos, elimina los puntos de encuentro y entendimiento, y socava la idea del contrato social y la posibilidad de cimentar la democracia colombiana sobre el concepto de Estado-nación”. argumenta.

 

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Abelardo de la Espriella, Donald Trump, Iván Cepeda.

 

A pocos días de la segunda vuelta, la elección parece ser menos una disputa entre izquierda y derecha y más una batalla sobre cuál miedo pesa más. De ahí, la pregunta que gravita en el ambiente. ¿Cuáles son los principales temores que moviliza la campaña de De la Espriella frente a la posibilidad de un gobierno de Iván Cepeda?

1. La Asamblea Constituyente. Es el miedo más articulado y no por lo complejo de adelantar este proceso sino por el temor de que se van a quedar en el poder. 

Se trata de uno de los ejes del temor que la derecha proyecta sobre una eventual presidencia de Cepeda: Asamblea Nacional Constituyente, una iniciativa impulsada durante meses por el presidente Petro. Aunque Cepeda celebró la suspensión de la recolección de firmas y se declaró “un demócrata” comprometido con las instituciones, varios analistas interpretan el repliegue como una maniobra táctica de cara a este decisivo domingo y no como una renuncia definitiva, pues la figura del “poder constituyente” permanece en su discurso político.

“El 22 de junio, si no ganan, hablarán de constituyente; y si ganan, también”, afirma el analista Jairo Libreros. Para quienes piensan así, además, esto implica que Petro no se va a ir.

2. Inseguridad y concesiones a los grupos armados. Mientras De la Espriella propone una estrategia basada en el fortalecimiento militar y el endurecimiento de la respuesta estatal frente a los grupos armados ilegales, Cepeda defiende un modelo de seguridad humana vinculado a la consolidación de la paz y a la reducción de las causas estructurales de la violencia.

Los seguidores de De la Espriella temen que este enfoque equivalga a seguir cediendo terreno a las guerrillas y a las organizaciones criminales, como consideran que ocurrió durante el Gobierno de Petro con la paz total, de la cual él es uno de sus defensores.

3. El respaldo de las antiguas Farc. Comunes —el partido político surgido de la antigua guerrilla de las Farc— anunció su respaldo a la candidatura presidencial de Cepeda. Aunque se trata de un partido político legal que tuvo el valor de dejar las armas para vivir en democracia, para sus detractores más radicales ese apoyo confirma los vínculos de su proyecto político con actores que siguen considerando ilegítimos.

4. Crisis institucional y desconocimiento de los resultados. La tensión institucional se ha alimentado por el reconocimiento tardío de Cepeda de los resultados de la primera vuelta, por la insistencia del presidente Petro en denunciar un supuesto fraude y por el temor a movilizaciones callejeras –mencionadas por el propio ministro de Defensa– ante un eventual desenlace adverso para el oficialismo. Para los sectores de derecha y de centro, un triunfo de Cepeda significaría prolongar cuatro años más de políticas que consideran fallidas en materia de seguridad, economía, salud y, sobre todo, sería una especie de premio a la corrupción.

5. Aislamiento internacional. Un gobierno de Cepeda no tendría una relación fácil con la Casa Blanca, dadas las tensiones registradas entre Petro y Trump, lo que contrasta con De la Espriella, cuyo eventual gobierno sería mucho más favorable a esa relación, sostienen en la campaña de De la Espriella.

En síntesis, el miedo central que moviliza a los votantes de De la Espriella es la percepción de que Cepeda representa una profundización del petrismo –con una eventual constituyente incluida– que podría alterar el orden institucional, debilitar la seguridad y aislar a Colombia en el plano internacional. Por el contrario, en la campaña de De la Espriella exhiben con orgullo la influencia de Trump y el alineamiento con la ultraderecha regional.

 

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El candidato a la Presidencia de la Alianza por la Vida, Iván Cepeda

 

Tras los resultados de la primera vuelta, De la Espriella agradeció el apoyo de Trump, que lo calificó como un “líder inteligente, fuerte y duro”, lo que generó el rechazo del presidente Petro y del campo progresista, que interpretó esas declaraciones como una señal de subordinación a Washington. 

Pero si en las huestes de De la Espriella hay preocupación, los seguidores de Cepeda ante una posible presidencia de su rival están, literalmente, aterrados.

De hecho, muchos de ellos sostienen que hay que salir a votar para impedir el triunfo de lo que denominan un “fascismo mafioso”. Para la izquierda y el centro político, el país se iría literalmente al abismo en caso del triunfo del candidato de extrema derecha, de 47 años, a quien describen como un hombre homófobo y misógino, que habla de “destripar” a la izquierda, de construir megacárceles, de reducir el Estado y de explotar el territorio y sus recursos sin barreras. Estos son los principales temores que movilizan al campo de Cepeda.

1.    Incertidumbre institucional. Un outsider sin trayectoria pública y que no tiene el concepto de lo institucional. Hace unos días un juez dictaminó que De la Espriella no podía usar la camiseta de la Selección Colombia. Como abogado que es, sabe que había muchos caminos legales para echar abajo esa decisión. Sin embargo, dijo que simplemente no la iba a cumplir. Dura es la ley, pero es la ley. 

Si en su condición de candidato dice que no va a acatar una norma simplemente porque no se le da la gana, ¿qué se puede esperar del manejo institucional cuando tenga el poder como jefe de Estado? El exministro Juan Fernando Cristo, miembro de la campaña de Cepeda, lo expresó sin rodeos: “La incertidumbre y el miedo institucional los genera Abelardo”. Su argumento es que “Iván tiene una probada trayectoria institucional, mientras que de Abelardo no sabemos nada”. 

Y que bien puede saltarse las normas, sencillamente, porque a él no le gustan. En esa línea, dicen que viene a imitar el modelo Bukele: megacárceles, militarización y suspensión de derechos. Para los seguidores de Cepeda, ello implica la restricción de garantías civiles y la consolidación de un modelo de mano dura. Y en ese camino, cualquier crítica de periodista o medio de comunicación que no le guste a De la Espriella será respondida con abogados, como lo ha demostrado hasta ahora en este estilo de campaña su profunda animadversión hacia la prensa libre.

2. Vínculos con el paramilitarismo. Es el miedo más explosivo de la campaña. Cepeda presentó una denuncia penal contra De la Espriella por los delitos de concierto para delinquir agravado, financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito, señalando supuestos vínculos con grupos paramilitares de las AUC.

Según la denuncia, De la Espriella habría actuado como eventual reclutador para esos grupos durante encuentros de la Fundación Iniciativas de Paz (Fipaz) y mantendría vínculos con el exjefe paramilitar Salvatore Mancuso, a quien se ha señalado como amigo de infancia.

3. Ruptura de los procesos de paz y regreso a la guerra. Para los seguidores de Cepeda, estos hechos no son anecdóticos. Recuerdan, además, que De la Espriella es conocido por haber defendido a narcotraficantes y paramilitares a lo largo de su carrera como abogado. Y en consecuencia, de ganar la Presidencia, ha anunciado que dará por terminada la política de paz total y cancelará cualquier negociación o mesa de diálogo con el ELN y las disidencias de las Farc. Para quienes apoyan a Cepeda —muchos de ellos habitantes de territorios afectados por el conflicto—, esto equivale a regresar a décadas de guerra sin salida política o diplomática.

4. Desmantelamiento de los programas sociales. Cepeda ha advertido que, bajo un eventual gobierno de De la Espriella, los programas sociales impulsados por Petro “serán pulverizados”. Los defensores de derechos humanos describen a De la Espriella como el representante de “una derecha anacrónica y reaccionaria” que se llevará por delante conquistas ganadas especialmente por las mujeres y los colectivos LGBTIQ+.

5. Explotación ambiental y fracking. El plan de gobierno de De la Espriella propone convertir el subsuelo en “el motor de la transformación nacional” y respalda el fracking, bajo la premisa de que “Colombia no puede seguir sentada sobre una de las mayores riquezas naturales del mundo”. Para los sectores ambientalistas y las comunidades rurales que apoyan a Cepeda, esto representa una amenaza directa para los territorios y los ecosistemas, precisamente en un país que tiene en su rica geografía uno de sus mayores tesoros.

En conclusión, el miedo central que moviliza a los seguidores de Cepeda es la percepción de que De la Espriella es una figura sin un pasado institucional claro, con presuntas conexiones con el paramilitarismo, que desmantelaría la paz, los programas sociales y las libertades civiles bajo un modelo de ultraderecha, además de un estrecho alineamiento con Trump.

En esa línea, sus detractores lo comparan con Javier Milei, Nayib Bukele y Vox, describiendo su figura como la expresión local de una nueva ultraderecha internacional. 

La gran paradoja de estas elecciones es que millones de colombianos no acudirán a las urnas para votar por la esperanza que les inspira un candidato, sino por el temor que les genera el otro.

Y cuando el miedo se convierte en el principal motor de una democracia, el resultado suele ser un país más dividido, más desconfiado y con menos posibilidades de reconciliación. El lunes, uno de ellos dos se levantará como presidente y deberá decidir de inmediato cómo va a actuar con al menos 10 millones de colombianos que fueron a las urnas a dejar constancia de sus miedos ante quien a partir del 7 de agosto será el hombre más poderoso del país.

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