
La semana en que Israel y Turquía se midieron en Siria: una orden de captura y una base bombardeada
Un bombardeo israelí contra una pista abandonada en el noroeste de Siria abrió, en apenas cuatro días, un frente diplomático y judicial que hoy enfrenta a Israel con Turquía, el segundo ejército de la OTAN. CAMBIO consultó a expertos para entender los alcances de la nueva tensión internacional.
Turquía e Israel llevan meses midiéndose en Siria. Comparten frontera con el país y tienen tropas activas dentro de él, como lo muestran las propias fuerzas israelís y sostienen versiones opuestas sobre quién amenaza a quién. Esta semana la tensión dejó de mantenerse en el discurso y pasó al terreno de lo militar. Ambos países sostienen versiones distintas de lo que sucede en Siria. Por ejemplo, Israel argumenta que Turquía invade más territorio sirio que ellos y que, por tanto, hay una amenaza latente.
Lo más reciente: frenar asentamientos y alerta roja de Interpol
El viernes 21 de agosto por la mañana, los cancilleres de ocho países, entre ellos Turquía, Egipto, Indonesia, Jordania, Pakistán, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, firmaron un comunicado conjunto contra la política de asentamientos israelíes en los territorios palestinos y exigieron frenarlos de inmediato. El blanco puntual fue el proyecto inmobiliario conocido como "E1", en la Cisjordania ocupada.
Horas después llegó el segundo golpe, desde Ankara, pues el Gobierno de ese país anunció que solicitaría a la Interpol una alerta roja para capturar a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. El ministro de Justicia, Akin Gurlek, explicó que Turquía ya había dictado órdenes internas de captura contra el primer ministro y otro sospechoso por cargos que incluyen genocidio, crímenes contra la humanidad y tortura, dentro de un proceso que cobija a 35 personas.
El origen de esa medida es un ataque de fuerzas israelíes realizado en mayo, contra al menos dos embarcaciones de la flotilla Global Sumud que llevaban ayuda humanitaria a Gaza. La Interpol revisa cada solicitud antes de emitirla, así que la orden no es automática.
La oficina de Netanyahu respondió al describir la maniobra de Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía, de "patética". Y agregó: "Erdogan es un dictador antisemita que ha masacrado a los kurdos, alberga a terroristas de Hamás, ocupa la mitad de Chipre y encarcela a un número récord de periodistas y políticos que se le oponen". También mencionó que no llevaría a ninguna parte el esfuerzo de Ankara de intimidar a los líderes y soldados israelíes.
Frente a este pulso, Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario y ex viceministro de Asuntos Multilaterales de la Cancillería, y Marcos Peckel, profesor de Relaciones Internacionales en esa misma universidad y director de la Comunidad Judía de Colombia, ofrecen lecturas contrapuestas en diálogo con CAMBIO.
Jaramillo Jassir descarta que el giro de Erdogan hacia la Interpol responda a un cálculo electoral: "no creo que lo de Erdogan se explique por un tema electoral (...) tiene que ver con consistencia", explica, y recuerda que lo que gana votos en Turquía es la economía y la lucha contra el PKK —una organización político-militar kurda—, no la política exterior, así que el endurecimiento frente a Netanyahu obedece más bien a la vieja política turca de "cero problemas con los vecinos". Peckel, en cambio, sostiene que la ofensiva turca no es señal de debilidad israelí: "No hay ningún aislamiento regional por parte de Israel", afirma, y recuerda que el país mantiene alianzas estratégicas con los Emiratos Árabes Unidos y Marruecos, además de los acuerdos de paz vigentes con Egipto y Jordania, lo que para él justifica calificar de "patética" la maniobra turca.
Escalada militar: bombardeos y recriminaciones estadounidenses
Para entender la razón por la que escaló hasta tal punto la tensión entre ambos países hay que remitirse hasta el martes 18 de agosto. Ese día Israel bombardeó la base aérea de Abu al-Duhur, en el noroeste de Siria, cerca de Alepo y a unos 70 kilómetros de la frontera turca. Según la cadena estatal siria Ekhbariya, que citó a una fuente militar, fueron ocho ataques dirigidos contra la pista de aterrizaje y las instalaciones de almacenamiento. Era el primer ataque israelí contra instalaciones del Gobierno sirio desde marzo. El blanco fue una base militar que está fuera de servicio como aeródromo militar desde 2013 y cambió de manos varias veces durante los catorce años de guerra civil, entre las fuerzas leales al expresidente Bashar al-Asad y las facciones de la oposición.
Tom Barrack, enviado especial de Estados Unidos para Siria e Irak y a la vez embajador en Turquía, calificó el bombardeo de "escalada innecesaria" que no aporta a la estabilidad regional. Barrack reveló que Turquía no fue advertida del ataque, de modo que no pudo preparar su propia respuesta militar. Estados Unidos, dijo, trabaja para montar un mecanismo de prevención de conflictos entre Israel, Turquía y Siria, y ya facilita un canal de intercambio de información y diálogo entre ellas.
Esa misma noche, la oficina de Netanyahu dio su versión y justificación oficial por el bombardeo. Afirmó que Siria estaba a punto de romper un statu quo de seguridad acordado con Israel al permitir el despliegue de tropas turcas en la base. Aseguró, como en muchas otras ocasiones y contextos, que un despliegue así amenazaría la seguridad israelí y que no lo iba a tolerar.
Ese argumento del enviado estadounidense sobre la falta de coordinación previa encuentra un comentario crítico en Jaramillo Jassir, quien es escéptico de que Washington tenga hoy margen real para contener el conflicto. "Estados Unidos hoy no tiene ningún margen de maniobra para prevenir conflictos", sostiene, y atribuye esa debilidad al "abuso del unilateralismo" y al "abuso del recurso a la fuerza" por parte de la Casa Blanca, cuya política exterior "lo que ha hecho es exacerbar" las tensiones en la región, no calmarlas.
Peckel, por su parte, sitúa la justificación israelí dentro de un esquema de seguridad más amplio y ya negociado con Damasco. Explica que las exigencias de Israel son puntuales, como que no haya fuerzas turcas más allá de donde ya están y que el ejército de al-Sharaa se mantenga a cierta distancia de la frontera. Ese entendimiento, recuerda, se sostiene sobre "un mecanismo de revisión de temas" entre Israel y Turquía "mediado por Azerbaiyán", que "seguramente (...) todavía está vigente" y que podría activarse tras el bombardeo de esta semana.
Los roces entre Israel y Turquía: luchan por el control de Siria
Al día siguiente, el miércoles 19 de agosto, Turquía respondió a los señalamientos de la oficina de Netanyahu y los llamó "acusaciones insostenibles". La presidencia turca sostuvo que esas acusaciones buscaban "legitimar los ataques aéreos ilegales de Israel" y que el bombardeo, cualquiera fuera el pretexto, atentaba contra la soberanía y la integridad territorial de Siria. Dijo a través de X que, en ningún momento, confirmó ni desmintió de manera explícita que existiera un plan para desplegar tropas turcas en la base.
Ankara fue más lejos y afirmó que las acusaciones nacían de la voluntad de Netanyahu de aplicar "políticas expansionistas y desestabilizadoras" de cara a las elecciones parlamentarias que Israel celebrará en octubre. Y puso una condición para cualquier salida. Una paz regional duradera, dijo, solo sería posible si Israel respeta el derecho internacional y abandona sus "políticas agresivas y coercitivas".
Pese al choque, Turquía dejó claro que no piensa moverse de Siria, pues prometió seguir cooperando con el Gobierno de Damasco "sobre una base legítima" y advirtió que "nunca permitirá la desestabilización de Siria". La promesa tiene peso porque Turquía se ha convertido en el principal aliado del presidente Ahmed al-Sharaa, el musulmán que asumió el poder luego de la guerra civil a inicios de 2025. El apoyo de Erdogan se ha traducido en entrenamientos al ejército sirio, ayudar a reconstruir sus instituciones y respaldo militar y diplomático.
Sobre el rumbo que tomará Turquía a partir de ahora, Jaramillo Jassir no cree que Ankara vaya a responder con las armas: "no creo que vaya a haber una respuesta militar por parte de Turquía. Lo que sí puede haber es un endurecimiento de la línea diplomática". A su juicio, el objetivo turco será más bien aislar a Israel "de varios de los circuitos de Medio Oriente" y reforzar los lazos del mundo musulmán árabe y no árabe, un bloque que, dice, "ha estado históricamente dividido" pero que la propia política "expansiva y agresiva de Israel los está obligando a unirse".
La advertencia que sirvió para medir hasta qué punto llegan ambos países
El jueves 20 de agosto la advertencia israelí subió de tono, cuando el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, acusó a Erdogan de arrastrar a Turquía a "aventuras peligrosas" en Siria. Fue tajante al establecer que su país no permitiría que ninguna entidad amenazara su seguridad. Netanyahu reforzó la idea cuando confirmó que Israel había avisado a Damasco antes del ataque que no permitiera presencia turca en la base, y que el mensaje fue claro. "No lo hagan", dijo. Y agregó que, al parecer, no lo entendieron del todo.
El canciller sirio Asaad al-Shaibani salió a desmentir el motivo mismo del bombardeo. Aseguró que no existía plan alguno para instalar una base militar turca en el emplazamiento, y que las instalaciones se estaban rehabilitando para uso de la Fuerza Aérea. Reconoció que oficiales turcos habían visitado el sitio, pero dentro de un programa de formación y cooperación militar, no de un despliegue permanente. Y sostuvo que Israel no tenía ninguna justificación legítima para atacar.
Al-Shaibani dijo que Siria seguía dispuesta a negociar con Israel una distensión, y recordó que ambas partes habían avanzado durante un año de conversaciones mediadas por Estados Unidos hacia un acuerdo de seguridad. Según su relato, fue Israel el que se retractó de sus compromisos y frustró el pacto.
El relato del canciller sirio ilustra, para Jaramillo Jassir, el difícil equilibrio que debe sostener al-Shara. El internacionalista considera que Siria es "muy dependiente de Turquía" para su reconstrucción, mientras que cualquier acercamiento a Israel "va a significar un aislamiento del mundo árabe". Por eso, dice, al-Shara necesita "recuperar un poco su discurso de soberanía nacional frente a Israel", pues la población siria "no va a perdonar ninguna concesión" en un tema tan sensible como los Altos del Golán. La apuesta del nuevo gobierno sirio, resume, será "buscar un equilibrio acercándose a Turquía, sin que aquello signifique un desafío en materia de seguridad para Israel".
Peckel recalca que al-Shara "está construyendo un Estado de cero" y que ni siquiera ha logrado "el control territorial total del país". Como prueba de que Israel actúa por razones defensivas y no expansionistas en Siria, recuerda la masacre contra la minoría drusa en al-Suwayda en 2025. Según su versión, "se salvaron 700.00 drusos porque Israel intervino para evitar que ese genocidio continuara".
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¿Por qué Siria es de interés para Israel y Turquía? Una rivalidad extraña
Durante medio siglo, Turquía e Israel fueron socios. Turquía fue, en 1949, el primer país de mayoría musulmana en reconocer al Estado judío, y en la Guerra Fría los dos tejieron una relación de potencias no árabes que se cuidaban las espaldas en una región políticamente inestable.
En 1996 firmaron acuerdos de cooperación militar, entrenamiento y transferencia de tecnología que abrieron la puerta a maniobras aéreas conjuntas, visitas navales e intercambio de inteligencia. El eje servía de contrapeso frente a las amenazas que ambos veían en Irán y en Siria, y llegó tan lejos que en 2008 fue Turquía la que medió unas conversaciones de paz entre Israel y Damasco.
Tel Aviv y Damasco siguen en guerra, en términos formales, desde hace más de medio siglo, y su cara más particular se llama Altos del Golán. Israel conquistó esa meseta en la guerra de 1967 y la anexó en 1981, en una jugada que el Consejo de Seguridad de la ONU declaró nula con su Resolución 497 y que casi ningún país reconoce, salvo Estados Unidos en 2019 y Colombia en 2026. Turquía no era ajeno a ello, pues también chocaba con los sirios. Ambos países se disputaron la provincia de Hatay y el agua del Éufrates, y estuvieron al borde de la guerra en 1998, cuando Damasco daba refugio a la guerrilla kurda del PKK y a su líder, Abdullah Ocalan.
Dos hechos dieron vuelta el tablero para tener el panorama geopolítico de hoy. El primero fue la ofensiva israelí en Gaza de 2008 y 2009 y el asalto a la flotilla del Mavi Marmara, en 2010, con nueve activistas turcos muertos, que hundió la relación con Israel a su punto más bajo, hasta extenderse con la guerra actual en Palestina. El segundo fue la caída de Asad, en 2024. Turquía, que había pasado la guerra civil respaldando a la oposición, se volvió el gran padrino del nuevo Gobierno sirio, de raíces islamistas, justo el que Israel mira con desconfianza. Israel tomó el camino opuesto, pues destruyó buena parte del arsenal que dejó el ejército sirio y empujó sus tropas más allá del Golán, hacia la zona de amortiguación.
Para Jaramillo Jassir, la combinación entre "la política expansiva de Israel desde el genocidio en Gaza", el respaldo de Donald Trump y la redefinición de los intereses turcos en la región explica el momento actual."Estamos ante el Israel más agresivo de su historia", uno que busca revivir "el sueño del Gran Israel: el control absoluto del Golán, el control absoluto de Cisjordania, Gaza", y del que, advierte, "no descartaría" que incluso mirara hacia la península del Sinaí.
Así llegaron a esta semana, en bandos cruzados. Turquía se planta en Siria con más músculo que nunca, ahora que entrena al ejército de al-Sharaa y que el 7 de agosto firmó en La Meca un pacto de defensa mutua con Arabia Saudita y Pakistán, de molde atlántico y con la mira puesta también en el avance militar israelí, que el experto Peckel pide no perder de vista la magnitud de los intereses en juego frente a la retórica. Considera que alianzas como la firmada en La Meca deben tomarse "con cuidado y con pinzas", precisamente porque reúnen a países con una historia de alineamientos cambiantes.
Entonces, de la vieja sociedad turco-israelí sobrevive apenas un hilo, la línea de comunicación que ambos montaron el año pasado para no dispararse por error en Siria. El bombardeo del martes la puso a prueba y aguantó, por poco.
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