VIOLETA PARRA

Las décimas suelen ser un género divertido y picante. Sin embargo, algunos grandes poemas filosóficos y dramáticos se han escrito en este formato. Así La vida es sueño (1635), célebre obra de teatro de Pedro Calderón de la Barca; así también la meditación existencial La hora de tinieblas (1855), de Rafael Pombo, y así la autobiografía de Violeta Parra. Esta última se publicó en 1970 y la integran más de noventa estrofas que relatan las muchas tristezas y escasas alegrías de la gran poeta y música chilena (1917-1967).
Como homenaje a ella, presentamos las primeras décimas del poema, que se consigue completo en numerosos puntos de internet.
Pa’ cantar de un improviso
se requiere buen talento,
memoria y entendimiento,
fuerza de gallo castizo.
Cual vendaval de granizo
han de florear los vocablos,
se ha de asombrar hasta el diablo
con muchas bellas razones,
como en las conversaciones
entre San Peiro y San Pablo.
También, señores oyentes,
se necesita estrumento,
muchísimos elementos
y compañero elocuente;
ha de ser buen contendiente,
conocedor de la historia.
Quisiera tener memoria
pa’ entablar un desafío,
pero no me da el sentido
pa’ finalizar con gloria.
Al hablar del estrumento
diríjome al guitarrón;
con su alambre y su bordón
su sonoro es un portento.
Cinco ordenanzas le cuento,
tres de a cinco, dos de a tres,
el clavijero a sus pies
la entrastadura elegante;
cuatro diablitos cantantes
debe su caja tener.
Y pa’ cantar a porfía
habrá que ser tocadora,
arrogante la cantora
para seguir melodía,
garantizar alegría
mientras dure el contrapunto,
formar un bello conjunto,
responder con gran destreza:
yo veo que mi cabeza
no es capaz para este asunto.
Por fin, señores amables
que me prestáis atención,
me habéis hallado razón
de hacerle quite a este sable.
Mas no quiero que se entable
contra mí algún comentario:
pa’ cominillo en los diarios
sobran muchos condimentos.
No ha de faltarme el momento
que aprenda la del canario.
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