EL MEJOR CANDIDATO DEL PETRISMO

Circuló sin despertar comentarios la copia de un contrato de la Presidencia de la República para adquirir los servicios de un entrenador de fútbol. Se ganará diez milloncitos de pesos. No es una noticia menor: significa, ni más ni menos, que la cúpula del Gobierno organiza una selección de balompié de pretensiones competitivas cuyas riendas han decidido que no tome Nerú, sino un profesional del deporte más importante del mundo, un técnico experto: para quienes aún no reconocen que Berto da importancia a lo técnico. A Nerú, a lo sumo, se le permitirá distender y masajear unos gemelos tras los partidos más combativos; a pesar de que a estas alturas del partido, valga la expresión, es el mejor funcionario de la administración. Y quizás por eso debería representar al petrismo en las elecciones de 2026.
En un primer momento supuse que el director técnico sería Eduardo Pimentel o alguien cuyo perfil promoviera el mismo sentido de juego limpio del gobierno. Al menos el Chiqui García para reutilizar el butaco que le prestaban al ministro Bonillita en los consejos de ministros, ese otro Chiqui.
Pero el hombre que entrenará al Presidencia FC es un tal Juan Pablo Robayo, acreditado como entrenador físico, aunque no físico cuántico, como quisiera el presidente.
No faltará quien se pregunte si, en medio de una situación fiscal apremiante, tenga buen recibo financiar con los impuestos el cargo de entrenador del equipo de fútbol de Presidencia, pero es evidente que sí: el Gobierno dejó perder los Juegos Panamericanos por no enviar un correo, y quedó en deuda con los intercolegiados porque piensa concentrar sus esfuerzos deportivos en la conformación de esta selección de la que RTVC producirá una película semejante a la de Fuga a la victoria, protagonizada por Carlos Ramón González.
El capitán del Deportivo Shu-shu-shú ha de ser el mismo Berto que llegará tarde a los entrenamientos y culpará de las derrotas a sus compañeros de equipo, pero tiene liderazgo natural para lucir la banda en el brazo: es la única banda que le falta por legitimar. Será el armador. Meterá pases largos. Abrirá la cancha por la extrema izquierda para que Armandito, pegado a la línea de cal, tire centros a la cabeza del ministro Chiquito Malo que, aprovechando su estatura, jugará como delantero. O acaso como balón. Podría hacer llave con el Pastor Saade, el falso nueve del equipo.
El ministro Florián será alineado como último hombre, atento a las pelotas que le metan por atrás. Míster Taxes no podrá jugar porque, según dice, Roy Barreras le mandó a quebrar las rodillas; tampoco el médico de la selección, el ministro Chapatín, por culpa del cual no se consiguen vendas ni ungüentos. Roy, en todo caso, variará de posición y cambiará de camiseta con los rivales antes, incluso, de que los partidos terminen.
Irene Vélez acabará con las reservas y el ministro de Hacienda con la banca. Impuesto por la terquedad del propio Berto, Daniel Quintero será titular y robará marcas, y lo que haga falta: después se provocará a la hinchada local con una bandera del otro equipo.
Quintero parece ser el preferido del presidente que, a pesar de las críticas, lo impuso en el abanico de candidatos del Pacto Histórico. Berto quiere que recoja sus insignias, o al menos la suya propia, que dejó abandonada en el Perú, a donde viajó esta semana para libertar durante cuatro minutos la isla de Santa Rosa: izó el pabellón de Colombia y acto seguido salió corriendo como Forrest Gump, antes de que pobladores de la zona la desmontaran en un abrir y cerrar de ojos. Posteriormente repitió la hazaña en la Andi, esta vez con una bandera de Palestina. Hablamos del mismo hombre que hace dos meses le informó al país —lo juro— que superó una crisis de diarrea gracias a ChatGPT y al cual paradójicamente Berto respaldó en medio de las luchas intestinas de su partido. Derrotará a María José Pizarro, cuya candidatura no despega, y al pobre y leal Gustavo Bolívar, a quien el presidente no ama. Y será el llamado para absorber como fórmula a la señora Corcho aprovechando el apellido de ella y los problemas gastrointestinales de él.
Los militantes de mayor mística se resisten a que el gran candidato de la izquierda colombiana sea Daniel Quintero, pero es lo que hay.
A menos de que surja —y acá retomo— el nombre de Nerú: un agitador de masas nato, en especial cuando ofrece masajes a la primera dama.
Sería, sin duda alguna, la mejor carta del petrismo para el 2026.
Si, como señaló Angela Benedetti, doña Verónica le preguntaba a sus amigos qué preferían, si puesto o negocios, vale la pena destacar la sencillez de Nerú, que prefirió trabajo. Habría podido amasar una fortuna, pero prefirió amasar a doña Verónica. A diferencia de Carlos Ramón González y tantos otros funcionarios, no se le conocen mordidas, salvo la que ofreció, a modo de gracejo, a la nalga derecha de la primera dama cuando la embadurnó de aceite de marihuana y le clavó los premolares, según circuló en un video indiscreto.
Dejemos, entonces, al movimiento social en manos de alguien que, como coreógrafo, es experto en movimientos.
Y en eficiencia, porque necesitamos un ejército de Nerús. La ejecución del Ministerio de la Igualdad produce llanto: 1,28 por ciento. Si Meghan y Harry no hubieran aceptado la invitación de bailar salsa en Cali, estaría en el 0,39 por ciento. Y las demás entidades del Estado evidencian niveles semejantes. Sí: se dirá que ejecuciones las de antes, en épocas de Uribe. Pero no nos llamemos a engaños. Una clase de aeróbicos con Nerú es el reverso de lo que sucede con el primer gobierno de izquierdas: porque, a diferencia del propio Berto, como profesor de aeróbicos Nerú lleva tres años esmerándose en que los demás se muevan, y en que lo hagan en perfecta coordinación.
Ahí tienen, pues, su candidato, el funcionario estrella. Sería el verdadero gol del 2026. Aunque nunca tan bonito como el que marque el falso nueve luego de un centro de Armandito, tras un pase profundo del presidente.
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