EN LA GUERRA CONTRA EL PERÚ

Una semana en Colombia equivale a siete años humanos, pero estos días han estado más cargados de noticias asombrosas que de costumbre: el presidente nombró un actor porno como ministro de la Igualdad: ni más ni menos que Juan Carlos Florián, el hombre al que ningún negro podía prohibirle, con el que leía en voz alta pasajes de El capital, de Marx, en las madrugadas de París. Allí conoció su perfil. Y le gustó. No lo nombró por palanca, si se puede decir así. Lo nombró porque necesita funcionarios capaces de promover levantamientos “a calzón quitao”, como lo hacía el propio ministro en su cuenta de OnlyFans. Porque necesita funcionarios versátiles capaces de cambiar de posición. Y el doctor Florián lo sabe, y tiene un amplio conocimiento en el sector púbico.
Vicky Dávila publicó los chats con los que Nicolás y su exesposa Daysurirs procuraban dar manejo a las fiestas incluyentes, por llamarlas de algún modo, que se daba el entonces candidato Gustavo Petro: unos serenos espacios de relajación ligeramente más densos que los paseos en yate del ingeniero Hernández. Un coronel de su confianza, de apellido Castellanos, que aparentemente lo proveía mujeres, terminó salpicado: si se puede decir así, nuevamente.
Nicolás dijo que se trataba de un montaje, lo cual parece evidente. Y no solo uno: se mencionan cuatro o cinco. Por noche. Y Vicky Dávila anunció que podía aportar a modo de prueba las sábanas de los chats de la Fiscalía (aunque por fortuna no las del hotel boutique donde sucedió la fiesta). Daysuris Vásquez, por su lado, confirmó la autenticidad del material y de paso denunció que el Gobierno le quitó la protección: protección que, de todos modos, esperamos haya tenido el señor presidente.
Andrés Pastrana apareció en las fotos con las que Jeffrey Epstein decoraba su apartamento: como si a Jeffrey Epstein le cupiera todavía más desprestigio. Álvaro Uribe no pudo escapar a las visitas que le ofreció el propio Pastrana a la finca que le dieron por cárcel, cuyo destino es convertirse en un parque nacional. Aumentará la romería de políticos y saurios de toda índole para posar con sus carnitas y sus huesitos, y se contempla la inauguración de un museo en su honor en el cual estarán expuesto el poncho, los Crocs, los tres huevitos y el bacín del baño donde Yidis Medina sentó las posaderas en el momento de negociar su voto.
Y cuando suponíamos que el saco no soportaba el peso de nuevas noticias, y que las costuras estaban por abrirse con el reingreso de Irene Vélez al gabinete y de Laurita Sarabia al Gobierno —esta vez en calidad de embajadora ante el Reino Unido—, un titular de pólvora detonó por encima de los demás, y el país se levantó a mitad de la semana en medio de una disputa territorial con el Perú, la patria grande de Chabuca la ídem y de Nubeluz.
No seré yo el apátrida que, por diferencias con el querido gobierno del presidente Berto, se sitúe del lado incorrecto de la historia. Es decir: del otro lado del río Amazonas. Si Armandito Benedetti pronostica que “la cosa se pondrá fea”; si nuestro propio mandatario advierte que “no es hombre de guerra, pero sabe de guerra”, debemos prepararnos para lo que se ofrezca. Y hacerlo con vigor de guerrero y con orgullo patrio.
No tenemos nada que envidiar a la capital mundial del cebiche y del humano mueco. Ellos tienen a la señorita Laura; pero nosotros a Vicky Dávila (cuya política de desarrollo consistirá en regalar carritos sangücheros por todo el país). Ellos pueden contar con la Tigresa de Oriente, pero nosotros tenemos al tigre De La Espriella, el hombre lobo. A la irreverencia de Jaime Bayly, opondremos la de Felipe Zuleta; a la voz de tenor de Wendy Sulca, enfrentaremos la de Yina Calderón... al menos la de Concha Baracaldo.
Y al populismo de Pedro Castillo daremos sopa y seco con el del propio Berto, nuestro Petro Castillo, que el pasado jueves conmemoró la batalla de Boyacá en Leticia, por extraño que parezca. Era su manera de patrullar los bordes del islote Santa Rosa: un terreno que emergió de la superficie hace cincuenta años, en cuyo piso de barro hoy en día viven poco más de dos mil peruanos a los que queremos ofrecer el honor de convertir en compatriotas. Para que tengan la dignidad de ser gobernados por el ministro Florián. Y sean representados en Inglaterra por Laurita Sarabia. Que someterá al polígrafo a Camila Parker. Pero con traductor simultáneo.
No se me entienda mal: no estoy llamando a las armas, a diferencia de lo que hizo esta semana el candidato Daniel Quintero, que amenazaba en un video con tomarlas. Lo decía con la voz recia: como si estuviera imputado. Sobre su cadáver nos quitarán la salida sobre el río Amazonas, imprecaba, a diferencia de su jefe de campaña y mejor amigo, el senador Álex Flórez, que centraba su defensa en el Orinoco.
Existen formas más sutiles y eficaces para derrotar a los peruanos sin necesidad de estrenar los aviones suecos. Infiltrar al ministro Guillermo Alfonso para que reforme el sistema de salud peruano, por ejemplo; al ministro Rojas para que los deje sin educación; a Irene Vélez para que implosione el sector energético: activar, en síntesis, la operación Shu Shu Shu, pero en suelo inca, para que en menos de tres años no quede piedra sobre piedra ni siquiera en Machu Picchu.
Y, una vez los dobleguemos, integrar el país de César Vallejo y de Susy Díaz a la zona binacional con Venezuela, y componer una franja bolivariana para que el comandante Berto la conduzca a sus anchas con la invaluable ayuda del pastor Saade.
¡A la carga, no a la draga! Si lo requiere la patria, ¡ahí estaremos! ¡Tiemble la presidenta Boluarte! ¡Reintegre el presidente Berto al coronel Feria y a su otro hombre de confianza, el coronel Castellanos, para que nos hallemos completos! Y si el conflicto impide que se realicen elecciones en el 2026, ampliaremos el mandato presidencial para que resulte tan extenso como sea necesario. Aunque no tan extenso como el parque nacional Álvaro Uribe Vélez.
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