MUJERES SE DEFIENDEN

En esta ocasión, la cerebral y habitualmente pacífica Beatriz Ordóñez hace un elogio de las formas recias a la que deben acudir las mujeres en defensa propia. Desde el zaperoco hasta “un rodillazo bien puesto” con tal de “ganar la pelea”. El catálogo de recursos, seguramente incompleto pero bastante avanzado, aparece en las décimas de hoy.
Imponen la ley sin miedo
con paciencia y con cordura,
mujeres de voz segura
que dicen: aquí me quedo,
porque puedo y porque debo.
Misógino nuestro entorno
y machista sin bochorno
en estos días se enfrenta
a una grandiosa tormenta:
el cambio ya está en el horno.
La jueza, la vendedora,
la lideresa importante;
la que protesta campante
aunque el jefe le dé lora.
La mendiga soñadora
con un mundo diferente
con cama y agua caliente.
La mujer que el prestamista
quiso borrar de la lista
porque resultó valiente.
La que ríe, la que llora.
Esa con la que intentaron
pero nunca lo lograron;
la que triunfa en lo que adora;
la que cuando se enamora
entrega pero demanda.
La que se va de parranda.
Las que arman un sindicato
y enfurecen hasta al gato.
La que a los cien fue graduanda.
Mujeres a las que el miedo
les enseñó aquello y esto:
un rodillazo bien puesto
y a quejarse don Tancredo,
porque les importa un bledo
si él no tendrá descendencia,
por el golpe sin clemencia
que lo dejó sin sus dones
por no entender unos nones
y utilizar la violencia.
¿Y entonces a dónde vamos?,
preguntará quien me lea;
pues a ganar la pelea
en este mundo tan loco
y a armar un buen zaperoco.
La mujer con desparpajo
pide aunque se arme un relajo
derechos sin restricciones
e igualdad de condiciones.
No es mucho pedir, carajo.
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