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UN DESPERTADOR PARA PETRO

UN DESPERTADOR PARA PETRO
Daniel Samper Ospina
Los Danieles

UN DESPERTADOR PARA PETRO

La confesión salida de la propia boca del presidente de que no asistió a una cita el martes a las cuatro de la tarde porque se quedó dormido y nadie lo despertó es acaso la noticia más importante que ha producido el Gobierno hasta la fecha:

—¡Hoy tenía cita con la USO, compañera, terminé dormido y no me despertaron! —se quejó ante sus ministros, con rescoldos de sueño en la garganta: ¿por qué nadie tuvo la caridad de llamarlo? ¿No se supone que son sus funcionarios? ¿No podía Angie Rodríguez, nuestra miniDelcy, zarandearlo levemente? ¿Resultaba muy difícil, acaso, que Gustavo Bolívar, a la manera del príncipe de la Bella Durmiente, le ofreciera un beso, al menos en la frente, y le dijera que lo ama para que despertara de buen genio?

Pero el presidente está solo. Varias veces lo ha denunciado con valentía: los ministros, los asesores, no son capaces de darle ya no digamos la talla, sino al menos un despertador. Puedo ver a su séquito de funcionarios cobardes asomados a la puerta de la alcoba presidencial. El presidente ronca en posición fetal, acomodado en forma de bollito en la bella ruana de lana de chivo con mariposas amarillas que luce por estos días. Se chupa el dedo pulgar. Son las dos y media de la tarde. Y miniDelcy comienza a inquietarse: sabe que si la siesta del Morfeo humano se prolonga, entrará en conflicto con la agenda.

A las tres, entonces, se anima a hacer un ruidito. A las tres y media, tose. A las cuatro zapatea de un lado para el otro con la esperanza de que el taconeo lo despierte. Son las cuatro pasadas cuando miniDelcy asume la crisis y convoca al gabinete:

—¿Quién es capaz de despertarlo? —pregunta, temerosa.
—Yo no —responde la canciller—. No sabría cómo: apenas estoy llegando al cargo.
—A mí no me miren: el presidente siempre me regaña —avisa Daniel Rojas.
—A mí menos, sería un papayazo para la oposición —dice el ministro Florián.

La situación no es sencilla. Doña Verónica no se encuentra. Desde hace meses. Nerú está en clase de rumba. La viceministra de las Juventudes vuela en esos momentos en un avión de la Policía. E, inmune del todo a su adicción a la cafeína, el presidente luce en la cama como el sector que abomina: privado. Al menos calla la boca a quienes decían que le faltaba foco. ¿Combatió acaso su resfriado con la somnolencia de un Pax Caliente? ¿De un Pax Total? ¿Esa es la Pax de Santos?

Pasan algunos minutos hasta que a miniDelcy se le prende el bombillo:

—Llamen al pastor Saade para que le diga: “¡Levántate, Colombia! Levántate, Gustavo!” —ordena.

Pero le recuerdan que el pastor fue inhabilitado por la Procuraduría y ahora persigue el sueño de ser presidente.

Un sueño profundo, aunque nunca tanto como el que experimenta el primer mandatario en estos momentos.

MiniDelcy sopesa la posibilidad de encargar de la misión al ministro de Justicia, acaso en llave con el exministro Bonillita, y pedir, de paso, a Hollman Morris que transmita la escena en RTVC como si fuera una versión humana de Blancanieves. Pero necesitaría cinco enanitos adicionales y no imagina dónde hallarlos, mucho menos ahora que a Álvaro Uribe le permiten salir de su finca-prisión: ¿servirían en tal caso los que dejó Iván Duque en la Unesco?

—Que el ministro de Defensa haga un ruido de sables —se le ocurre.

Pero el ministro tiene cita con las Fuerzas Armadas Bolivarianas para iniciar el trabajo articulado que ordenó el señor presidente en el justo momento que las corbetas gringas rondan por el mar Caribe. Acaso ordene militarizar San Andrés, siquiera la isla de Roncador y Quitasueño; o al menos rebautizarlas con el nombre del presidente que en este momento abre la boca, emite un ronquido y se voltea en la cama.

A las seis y media de la tarde el presidente se despierta por voluntad propia —la frente sudorosa, el genio negro— sin saber con exactitud qué día es ni dónde se encuentra. Agolpados en la entrada de la puerta, los ministros son incapaces de decirle que ya es de noche y que apenas está a tiempo de encabezar un consejo ministerial en vivo y en directo por si quiere, una vez más, regañarlos en público.

***

Yo sé que, salvo al presidente, vivir en Colombia le quita el sueño a cualquiera. Pero la patria requiere de unidad y grandeza, y no es momento de divisiones. Debemos encontrar una solución entre todos para dar manejo a las siestas presidenciales. La primera, y más obvia, sería la creación de una nueva consejería: un gerente de Motosos; un alto consejero para el Sueño Presidencial, cuyo manual de funciones consista en arropar a Berto, en lavar colchas y almohadas, y, sobre todo, en despertarlo a tiempo: hacerle cosquillas, prenderle la llave de la ducha mientras lo termina de levantar, hablarle, en fin, con dulzura: nada de decir frases que parezcan reclamos:

—¡Presidente, despierte: van 103 líderes sociales asesinados!
—¡Presidente, despierte: van 50 masacres este año!
—¡Presidente, despierte: van 131 secuestros este año!
—Presidente, hubo tres atentados esta semana, con 17 muertos y 86 heridos, y la producción de coca aumentó un 53 %: ¡despierte!

Sino, por el contrario, regresarlo a su estado de conciencia con suavidad: acaso susurrándole shu-shu-shú en el oído.

Pero si este Congreso enemigo del pueblo no aprueba una reforma tributaria que financie el nuevo cargo, la propuesta entonces es comprar entre todos un despertador y donárselo a modo de regalo. Un despertador que se pueda programar, a diferencia de él; que venga con las pilas puestas, a diferencia de él. Y que permita conmemorar aquel 19 de agosto como una nueva fecha patria: un día de siesta nacional del que acaso surja un nuevo movimiento M-19.

Sé que es mucho pedir. Pero nada cuesta soñar despierto.

*Parte de la taquilla de ElPetroVerso de septiembre se destinará para la compra de un despertador para el presidente. Únanse a la campaña #UnDespertadorParaPetro.

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