CUANDO PETRO LUCHE EN GAZA

El presidente Berto viajó a Nueva York y en apenas tres días corrigió a Stalin por no tener entendederas para propagar el socialismo global, pidió detener al presidente de Estados Unidos y se dejó acompañar por Roger Waters, el Álvaro Leyva de la música, y por el acusado por acoso Víctor de Currea-Lugo, para —megáfono en mano, y esta vez sin ayuda de ChatGPT— llamar a la insurrección de la milicia gringa:
—Desde Nueva York pido a todos los soldados del ejército de los Estados Unidos desobedezcan la orden de Trump y obedezcan la ley de la humanidad —clamó con fuerza el mismo líder planetario que unos días antes exigía a Estados Unidos, precisamente, no intervenir en los asuntos internos de Venezuela.
Se imaginaba uno a Donald Trump en las mismas, y comprendía la dimensión de la osadía: que, invitado a un evento del cual Colombia fuera sede —un encuentro de la OEA, el festival del Mono Núñez—, el presidente más patán del mundo organizara un mitin en el parque El Virrey y ordenara algo como esto:
— _I request all the soldiers of the Colombian army to disobey Petro’s orders_—gritaría, bajo la mirada solidaria del Dr Krápula y la traducción de Harvey Weinstein.
Al final, claro, Berto se salió con la suya y consiguió, por fin, que le retiraran la visa, y regresó a Colombia para anunciar que de todos modos no la necesita para viajar al Tolima. Descertificado y sin visa. Es el Berto-tío Ernesto. Solo le falta tener un sobrino que escriba en Los Danieles.
Perder la visa parecía ser su verdadero propósito, no tanto para posar como víctima y adalid, sino para bajarse del viaje a Disney que pedía repetir su hija Antonella: se estremecía imaginando los días de filas eternas bajo el sol para tomarse una foto con Tribilín. En tal caso resulta más sencillo reintegrar a Palacio al pastor Saade para que pose con la niña.
En ese mismo mitin callejero, el presidente convocó a la humanidad para integrar un ejército de salvación mundial que defienda a Gaza:
—Si le toca ir al presidente de la República al combate, no me asusta, ya estuve en otros —clamó con valentía, mientras recordaba sus luchas clandestinas en Zipaquirá, en Bogotá y especialmente en Panamá.
Es cierto que nunca hemos visto al presidente Berto convocar a nadie por el Catatumbo o por Cauca, y mucho menos ofrecerse él mismo para liderar batallas en aquellas zonas en guerra donde prometió la paz.
Y, sin embargo, y acaso por primera vez en nuestra historia, merecemos estar unidos como país para apoyarlo. Si el mandatario humano decide luchar en Gaza, respetemos su decisión. Que se anime, que vaya. En Colombia, además, nunca pasa nada, ruedan bolas de heno como para no poderse desconectar del país un par de meses, años, acaso, ¡lustros!, y atender otras fronteras.
Sí: es cierto que por momentos no parecemos una nación viable; que, para no ir más lejos, esta misma semana cayó un cabecilla conocido con el alias de Chimbo de Oro: acaso se trate de un señor de apellidos Vergara Dorado.
Pero es urgente quebrar el destino de la guerra de Gaza y el primer mandatario es experto en quiebras, como lo demostró con el sector de la salud. Y si algo necesita el sufrido pueblo gazatí en estos momentos, es la importación del método shu-shu-shú patentado por las entendederas globales de nuestro prócer de Ciénaga de Oro.
Arranque, pues, el presidente Berto y comande él mismo un batallón de voluntarios que incluya al petrismo en general, a sus valientes bodegueros, y a la totalidad de sus ministros. Conforme un contingente de mujeres comandado por el doctor Florián en los días en que se autoperciba mujer. Asístalo la joven rebelde Juliana Guerrero, generala de tres soles del Ejército, según certifique diploma de la Universidad San José. Y nómbrese coronel al ministro de Educación que esta semana protegió el derecho universal de Margarita Rosa para recibir subsidios del estrato tres, aunque pertenezca a la clase alta: una vehemente defensa al subsidio para ricos semejante a la que el mismo ministro debió sostener en tiempos de Agro Ingreso Seguro.
Secúndelos a ellos la canciller Rosa Villavicencio por si necesitan una baranda y unas gafas oscuras. Y asista también Gloria Miranda para que el comandante se luzca ante la tropa:
—Esta es la mujer más bonita del batallón, pero se nos casa este mes —se lamentará, risueño, ante la formación, mientras incomoda a la compañera con un abrazo y Víctor de Currea-Lugo traduce.
Puede suceder que la presencia de Berto martirice aún más al ya infamemente lastimado pueblo de Gaza cuando sus habitantes descubran los hábitos del mandatario.
—¡Atacan por Rafah!: ¡urgente, avisen al comandante!
—¡No sabemos dónde está!
—¡¿Cómo así que nadie sabe?!
—Es que está en agenda privada.
Es probable que en la batalla fundamental no aparezca porque siguió de largo en la siesta de los martes y nadie fue capaz de despertarlo; o que encargue a Olmedo López de repartir los carrotanques de agua por el desierto y a Carolina Corcho del pabellón de heridos; o que prometa la construcción de un tren elevado que conecte al Mediterráneo con el mar Rojo.
Pero suceda lo que suceda, Berto mostrará su talante de líder planetario y acaso inspire una película que consigne su gesta heroica de salvador de la humanidad. Podría llamarse El soldado Brayan.
Ánimo, pues, presidente. Cumpla su palabra.
No resultará fácil vivir sin su presencia constante. Será todo un reto sobrellevar el vacío, la nostalgia. Pero sabremos soltar, como Gustavo Bolívar. Con generosidad, compartiremos el privilegio de tenerlo como guía con otros pueblos que en estos momentos también necesitan del arrojo de su luz.
Arranque, pues, el presidente a Gaza. Lleve también a Daniel Quintero. Personas de todos los estratos se lo agradecerán: como la Mencha, que es en simultánea del tres y del seis. Nos dolerá en el alma. Pero mi tío Ernesto podrá reemplazarlo en su visita al Tolima, y ya encontraremos alguien que lo sustituya en Palacio. No será, por el momento, el señor Chimbo de Oro.
¡LLEGA EL PETROVERSO!
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