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Poder

Viaje al corazón de la guerra en Buenaventura

Un grupo armado ilegal se muestra desafiante a plena luz del día en Buenaventura.

Clases suspendidas, comercios cerrados y una ciudad paralizada por el miedo: así es la realidad tras el fin de la tregua entre Los Shottas y Los Espartanos. ¿Por qué se llegó nuevamente a esta situación tan crítica?

Por: Armando Neira

A medianoche, cuando Colombia duerme, María Dolores está alerta y lista junto con sus dos pequeños hijos para salir a correr, cada uno con un par de galones. A esa hora cruza el carrotanque que transporta el agua para los habitantes de su barrio Matía Mulumba, en Buenaventura. Esa es la manera en que ella y buena parte de la comunidad se abastecen de agua potable para el uso diario.

Es una paradoja. Buenaventura, uno de los municipios con mayor riqueza hidrográfica de Colombia –con 11 cuencas que dan vida a siete grandes ríos y un centenar de quebradas– y uno de los lugares más húmedos del país, donde llueve casi todo el año, es el mismo municipio en el que la mayoría de sus habitantes no tienen acceso permanente al agua potable. Según datos oficiales, hay sectores privilegiados, pero la continuidad no supera las diez horas por día.

Un informe de ProPacífico señala que el acueducto de Buenaventura se diseñó hace más de 80 años y que desde hace más de 25 hay un clamor para modernizarlo. Así como el coronel de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, pasó los últimos años de su vida esperando una carta con la pensión de veterano de la guerra civil, Alejandro Acosta, otro residente del barrio El Olímpico, dice que, a sus 50 años, lleva la mitad de su vida con la ilusión de poder abrir una llave en su casa y que salga agua.

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