
El modelo de familia que defiende el presidente De la Espriella: ¿un espejismo en Colombia?
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, su esposa, Ana Lucía Pineda, y sus cuatro hijos —Lucía, Salvador, Filippo y Francesca—, durante la posesión, el pasado 7 de agosto, en Cali.
Aunque el primer mandatario reivindica la familia tradicional como uno de los pilares de su proyecto político, la realidad de los hogares colombianos se transformó: El 20,2 por ciento son unipersonal. Hay más de 50.000 hogares conformados por parejas del mismo sexo. Radiografía de un país cambiante.
Por: Armando Neira
En sus primeros días de Gobierno, el presidente Abelardo de la Espriella ha enviado al menos tres mensajes destinados a reivindicar el modelo de familia que defendió durante la campaña y que presentó como uno de los fundamentos de su proyecto político.
El primero se vio tras la catástrofe provocada por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el pasado 10 de agosto. En medio de la tragedia, De la Espriella otorgó un rol determinante a su esposa, Ana Lucía Pineda, quien asumió el liderazgo de la campaña ‘Colombia, un solo corazón’, destinada a articular ayudas del Gobierno, el sector privado, organizaciones sociales y ciudadanos. Para el jefe del Estado el papel de la primera dama es fundamental porque, dice, encarna el pilar de la familia tradicional.
En una actividad similar están las esposas del vicepresidente de la república, José Manuel Restrepo, Tatiana Céspedes Arboleda, y del ministro del Interior, Rodrigo Lara Restrepo, María José Valenzuela. Este rol es replicado, a su vez, por ellas. “Hemos estado en comunicación con las primeras damas de los municipios más afectados”, explicó Pineda durante una alocución en la que hizo un balance de lo que llaman ‘Las Tigresas de la Patria’.
La instrucción para reportarle a ella ha sido seguida al pie de la letra. “Desde el Ministerio de Agricultura estamos coordinando todas las ayudas con los gremios y las empresas de este sector. Esto lo estamos haciendo a través de la primera dama de la nación”, anunció el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond.
El protagonismo de la primera dama no es, sin embargo, una improvisación surgida con la emergencia. Durante la campaña, Pineda tuvo una participación visible junto al entonces candidato. Su presencia, junto a sus hijos, fue un factor determinante en el triunfo, según los expertos en comunicación política.

Cambiando de escenario, el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, se aferró al concepto de familia para sortear la crisis generada por él mismo, tras ser fotografiado tomando el sol en una playa de Santa Marta durante la emergencia provocada por el terremoto, que dejó 26.945 viviendas destruidas y más de 127.500 averiadas en el país, según el reporte oficial consolidado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
Salvar la familia y viaje a la playa
Beltrán dijo: “Detrás del ministro hay un padre, hay un esposo, hay un hijo”. Explicó que se fue a la playa por la importancia “de estar como un padre presente”. Para él, es fundamental mantener la unidad familiar, así sea en tiempos de semejante tragedia, especialmente cuando llevaba una semana sin ver a los suyos: “De nada vale construir país si destruimos la familia”, sentenció.
El presidente De la Espriella aceptó su argumento y, por eso, no solo lo respaldó, sino que lo empoderó al anunciar que será el gerente “del plan milagro de reconstrucción”.
El tercer mensaje en su defensa de la familia tradicional, el presidente De la Espriella lo envió al echar para atrás el nombramiento de Carlos Sepúlveda, quien iba a llegar a la dirección del Departamento Nacional de Planeación (DNP), una oficina vital porque articula todos los ministerios y traza la hoja de ruta a seguir para cada uno de los municipios. Su designación había sido aplaudida por distintos sectores por su amplísima experiencia en temas de pobreza y desarrollo, así como por su brillante hoja de vida.
Según La Silla Vacía, en la decisión habría pesado la orientación sexual de Sepúlveda y la conformación de su familia, pues vive con otro hombre y tienen un hijo adoptado. Las fuentes, que pidieron no mencionar sus nombres al tratarse de conversaciones privadas, según explicó este portal, escucharon esta versión directamente de miembros del gabinete de De la Espriella y de congresistas cercanos al Gobierno. “En un Gobierno con posiciones conservadoras radicales, incluyendo prohibir la adopción por parte de parejas del mismo sexo, esto habría pesado”.
“Las partes más conservadoras del gabinete, cercanas a iglesias cristianas, se movieron para que no se expidiera su decreto de nombramiento, porque tiene una pareja de su mismo sexo”, le contó una de las fuentes a La Silla.
Con esta decisión, el presidente De la Espriella le da un golpe a la tecnocracia en uno de los cargos más importantes del Gobierno, a costa de un economista cercano al vicepresidente José Manuel Restrepo y altamente preparado para ejercer el cargo, pero también muestra la importancia que para él tiene el concepto de familia tradicional y de la manera como está armando su equipo de trabajo.
Familia y Dios
Y es que más allá de estos episodios, la defensa de la familia ocupa un lugar explícito en el discurso político de De la Espriella. Durante la campaña, el entonces candidato afirmó: “Yo no defiendo ideología (...) Yo defiendo a la familia como núcleo fundamental de la sociedad, la creencia en Dios”.
El programa de Gobierno ‘País Milagro’ estableció como conceptos rectores la familia, la propiedad, el trabajo, la fe y la seguridad, bajo la idea de la llamada “extrema coherencia”, que De la Espriella define como una forma de hacer política basada, según sus propias palabras, en el “sentido común aplicado a la nación”.

Durante la campaña, además, De la Espriella habló, casi a diario, de su propósito de defender la familia tradicional y convirtió ese concepto en uno de los ejes de su discurso cultural. Su movimiento Defensores de la Patria también ha presentado la defensa de la familia como una pieza central de su proyecto político.
Pero entre el modelo familiar reivindicado por el presidente y la composición real de los hogares colombianos existe una distancia cada vez más evidente.
Una sociedad que cambia
La Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2025 del Dane muestra que Colombia cerró ese año con cerca de 18,9 millones de hogares y un promedio de 2,82 personas por hogar. Los hogares biparentales –formados por padre y madre, con o sin hijos– representaron el 51,3 por ciento; los monoparentales, el 24,3 por ciento; los unipersonales, el 20,2 por ciento, y otros tipos de hogar, el 4,2 por ciento.
Cada madrugada, se ve en el transporte urbano a millones de mujeres que salen a trabajar para alimentar a sus hijos porque están en condiciones de jefes de hogar.
No siempre lo logran. En 2024, más de 2,4 millones de hogares encabezados por mujeres enfrentaron inseguridad alimentaria, y en 1,1 millones de esos hogares sus integrantes se quedaron directamente sin comida, dice un informe del Dane.
La transformación de los hogares en Colombia viene de años atrás. En 2019, los hogares unipersonales representaban el 17 por ciento del total. En 2025 llegaron al 20,2 por ciento. En ese mismo período, el tamaño promedio del hogar disminuyó hasta situarse en 2,82 personas.
No se trata de un fenómeno exclusivamente bogotano o de jóvenes que por razones de estudio o trabajo optan por vivir solos. Putumayo, por ejemplo, registró en 2025 una proporción especialmente baja de hogares biparentales, de 35,4 por ciento.

La transformación también se observa en la dinámica demográfica. En 2024 Colombia registró 445.011 nacimientos, 70.538 menos que en 2023 y un 13,7 por ciento menos. Según el Dane, fue el volumen de nacimientos más bajo de la última década y 32,7 por ciento inferior al de 2015. Es un lugar común decir que los parejas jóvenes prefieren no tener hijos sino gatos o perros.
La lectura que hace este análisis es que la caída de la natalidad no responde únicamente a la decisión de tener menos hijos, sino que también está entrelazada con la precariedad económica que enfrentan muchos hogares para sostener una familia, especialmente aquellos encabezados por mujeres solas.
Las parejas del mismo sexo
Hay otro dato que resulta relevante para entender cuánto ha cambiado la sociedad colombiana. El estudio poscensal ‘Caracterización demográfica y socioeconómica de los hogares de parejas del mismo sexo en Colombia’, elaborado a partir del Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018 por el Dane y el UNFPA, identificó 48.483 hogares conformados por parejas del mismo sexo. De ellos, 21.721 estaban conformados por parejas de hombres y 26.762 por parejas de mujeres.
Ese es el dato oficial específico disponible. Sin embargo, varios estudios realizados por grupos afines a la comunidad LGTBI estiman que en Colombia podría haber alrededor de 100.000 parejas del mismo sexo que conviven bajo el mismo techo. La cifra real es difícil de establecer, porque muchas personas prefieren mantener esta información en el ámbito privado y, en otros casos, por temor a la estigmatización y la discriminación.
La transformación de la familia no es únicamente estadística. También es jurídica. El artículo 42 de la Constitución establece que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y dispone que puede constituirse por vínculos naturales o jurídicos. La Corte Constitucional ha desarrollado desde entonces una jurisprudencia que reconoce la existencia de distintas formas de familia.
En la sentencia C-577 de 2011, la Corte reconoció la protección constitucional de las familias conformadas por parejas del mismo sexo. Posteriormente, en la sentencia SU-617 de 2014, protegió el derecho de una menor a permanecer en su familia y ordenó continuar el trámite de adopción en un caso de una pareja del mismo sexo.
En 2015, la Corte avanzó en dos decisiones fundamentales. La sentencia C-071 estableció que las parejas del mismo sexo podían acceder a la adopción consentida o complementaria cuando se tratara del hijo biológico de su compañero o compañera permanente.
Ese mismo año, mediante la sentencia C-683, la Corte concluyó que no era constitucionalmente válido excluir a las parejas del mismo sexo de los procesos de adopción, al considerar que esa exclusión generaba un déficit de protección de los niños, niñas y adolescentes en situación de abandono.

De esta manera, el derecho de familia colombiano ha pasado de una concepción mucho más restringida a reconocer jurídicamente una diversidad de estructuras familiares. Existen hogares biparentales, monoparentales, homoparentales, reconstituidos y hogares conformados por una sola persona, entre otras formas de convivencia. La familia colombiana, en otras palabras, ya no cabe en un único molde.
Realidad y discurso político
La discusión no puede reducirse, sin embargo, a una oposición entre “familia tradicional” y “familias modernas”. Las estadísticas muestran una sociedad mucho más compleja.
El hogar biparental sigue siendo mayoritario en Colombia, pero su peso relativo ha disminuido. Al mismo tiempo, crecen los hogares unipersonales y se mantiene una proporción significativa de hogares monoparentales.
Por eso, el debate que plantea el Gobierno de De la Espriella no ocurre en un vacío. Su defensa de la familia tradicional se enfrenta a una sociedad que, desde hace décadas, ha venido modificando sus formas de convivencia, sus decisiones reproductivas y la manera en que entiende los vínculos afectivos.
Durante la campaña, De la Espriella hizo de la familia uno de los elementos centrales de su identidad política. Su esposa, Ana Lucía Pineda, y sus cuatro hijos también tuvieron una presencia visible en la estrategia electoral.
Sea como sea, el concepto de familia que maneja el hoy presidente fue clave para obtener la victoria. Según los analistas, esta posición hizo que, por ejemplo, más electores radicales se decantaran por su propuesta, en detrimento de la fórmula del Centro Democrático, representada por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. Durante la campaña, sectores afines a Defensores de la Patria produjeron videos con inteligencia artificial en los que afirmaban que un triunfo de esta fórmula iba a “mariquear” al país.
El triunfo de De la Espriella sobre la coalición de centro derecha de Paloma y Oviedo mostró que aunque en la realidad la sociedad ha tenido un cambio drástico, un amplio segmento de los electores va a la urna por una postal idílica.
De la Espriella promovió un concepto de familia nuclear fundamentado en valores católicos e históricos, que conectó fuertemente con el electorado conservador de derecha.
En esa campaña, Claudia López, exalcaldesa de Bogotá y esposa de la entonces senadora Angélica Lozano, otra de las aspirantes, defendía la idea de que la familia es un concepto plural y diverso, basado fundamentalmente en el afecto, el respeto y los derechos, más allá de la estructura tradicional conformada por un hombre y una mujer.
López sostiene que existen múltiples tipos de hogar y que todos merecen igual reconocimiento y protección. Sin embargo, su propuesta también fue ampliamente derrotada en las urnas.
El contraste entre esas dos visiones no es solamente electoral. Expresa una discusión más profunda sobre qué entiende el Estado colombiano por familia y qué papel debe desempeñar esa concepción en las políticas públicas.
La Constitución y la jurisprudencia de la Corte han establecido un marco de protección para las distintas formas de familia. El Gobierno de De la Espriella, por su parte, ha escogido políticamente reivindicar una concepción tradicional como uno de los pilares de su proyecto.
El verdadero desafío será determinar hasta dónde esa reivindicación se convierte en política pública y cómo convivirá con una realidad social y jurídica que ya es mucho más diversa.
Al final, la discusión no parece ser si la familia está desapareciendo. Los datos muestran otra cosa: la familia colombiana está cambiando. Y quizá esa sea la principal distancia entre el modelo que reivindica el presidente y el país que gobierna.
La canción Así empezaron papá y mamá, popularizada por Rodolfo Aicardi y Los Hispanos y también interpretada por Gustavo Quintero y Los Graduados, retrata una idea de familia numerosa que durante décadas hizo parte del imaginario popular colombiano: “Fue así como empezaron papá y mamá Y ya somos 14 y esperan más”.
Hoy, más que una descripción de la realidad, funciona como una melodía de un país que nunca volverá a ser así.
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