
El mercado aéreo está a punto de ser casi monopólico y el tema, para fortuna de los dueños de los cielos colombianos, no está teniendo la atención que merece en los medios y las redes sociales. La posible fusión entre Avianca y Viva para crear el Grupo Abra, dejaría más del 65 por ciento del tráfico aéreo controlado por este nuevo holding.
Estamos en un déjà vu de los que ocurrió en los 90 con Avianca y Aces. En un primer momento, Emilio Archila como superintendente de Industria y Comercio, trató de evitar la operación, pero el rodillo del lobby y el poder corporativista lo sacó del camino. Veinte años después, otra vez Archila, esta vez como abogado de Ultra Air, empresa de bajo costo que se presentó en este caso como tercero interesado para tratar de evitar la fusión, vuelve a intentar mediar entre gigantes para que Avianca no construya un imperio inexpugnable.
Pero, más allá de los nombres propios la situación es muy crítica. Justo cuando Avianca perdió el afecto ganado por décadas de los tripulantes del país por convertirse en una aerolínea de bajísima calidad y con una forma de operar sistemáticamente abusiva con sus clientes, están cerca de elimar lo que de verdad disciplina y obliga a mejorar a las grandes empresas: la competencia. Avianca hoy no es más que una nostalgia de lo que fue.
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